Entretanto, el viejo, con la tranquilidad que nunca perdía y como si le hubiese visto un mes antes, decía:

—¿Ya estás de vuelta Juan?

Y, después de los transportes naturales, quisieron pasear al hijo por todo el pueblo para que lo viesen. Y lo llevaron á casa del alcalde, á casa del cura, á casa del maestro, y á casa del secretario.

Carlos le contemplaba desde la puerta de su choza.

Por la noche, mientras cenaban, dijo á sus padres.

—Precisa haber sido imbéciles para haber dejado que se llevasen al chico de los Vallín.

Su madre replicó con firmeza:

—Nosotros no quisimos vender á nuestro hijo.

El padre callaba.

Pero el joven replicó: