—Pues ahí es nada, verse sacrificado de este modo.

Enfurecido, el viejo Tuvache rugió:

—¿Vas á reprocharnos que te hayamos conservado á nuestro lado?

Y el mozo, brutalmente, contestó:

—Sí, os lo reprocho, porque sois unos majaderos. Padres como vosotros sólo sirven para hacer la desgracia de sus hijos. Mereceríais que os dejase.

La pobre mujer lloraba á lágrima viva. Gemía tragando cucharadas de sopa, y entre sollozo y sollozo, balbucía:

—Sí, mataros para criar á los hijos.

Y el mozo añadió con rudeza:

—Mejor quisiera no haber nacido que ser lo que soy. Cuando hace poco he visto al otro, la sangre se me ha revuelto y he pensado: Eso sería yo.

Y se puso en pie.