Todo no puede tenerse en este mundo. Ya lo saben las apreciables tiples. No se puede ser á un tiempo mármol y artista. La que tenga más de lo primero, que se contente con ser material de estatua: no se mueva, no hable, no cante sobre todo. La que presuma de lo segundo, sienta todo y lo mejor que pueda, subraye los equívocos, de á las coplillas la intención posible, que si en ellas mienta la escarola ó la lechuga ó la chocolatera ó el molinillo, la sola enunciación de dichas hortalizas ó utensilios abre á la imaginación de los espectadores horizontes ilimitados ... Todo es arte; pero ya lo han sentenciado los jueces franceses y antes lo había sentenciado el buen gusto: lo que no se puede es promiscuar.
Acostumbrados á que las guerras de los marroquíes acaben siempre con pirámides de cabezas cortadas, mutilaciones crueles, cuando más dulcemente, por cadenas y mazmorras, esta de ahora entre los dos hermanos ha parecido poética y caballeresca relación del Romancero morisco. De tal modo, que á cuántos conocen la tortuosa sencillez del espíritu moruno, más que lucha entre hermanos parece juego de compadres.
No es el «Quítate tu, para ponerme yo» de otras guerras y luchas fratricidas, sino el «Yo no puedo quitarme á esos franceses; á ver como tu me los quitas». Por lo pronto, se abre un compás de espera y de expectación. Pueblo que sabe esperar sentado á ver pasar el cadáver de su enemigo por delante de su casa, sabrá esperar con calma en esta ocasión; mucho más, cuando la silla la ofrece el kaiser, y cuando lo que ha de ser esta escrito ... en la conferencia de Algeciras. Pero se ha volcado el tintero, y aunque todo esté escrito, tardará en descifrarse. Para esto de echar borrones sobre la correcta escritura de la diplomacia europea, se pintan solos los moritos. Veremos si ese borrón es cuenta nueva, si basta con el papel secante, ó si el gran emperador vuelca toda la salvadera, y entonces sí que podrá decir Francia, alterando nuestro refrán: «De aquellos lodos, vienen estos polvos». ¡Con tal que no nos pongan perdidos las salpicaduras!
Como al desfallecido de estómago, por insuficiente alimentación, solo el olor de la comida le produce mareos, así á los españoles, tan desfallecidos de toda clase de receptáculos, estómago, bolsillo, etc., por fuerza ha de producirles mareos y vértigos y delirios, nada más que el olor de esa cifra fantástica de millones, destinados al principio del proemio del prólogo de nuestra futura escuadra.
No es extraño que el concurso haya inspirado tanta curiosidad y despertado tantas emociones como el sorteo de Navidad. El gordo valía la pena. Sin embargo, ¿será cosa de compadecer á los agraciados? Me decía una vez el propietario explotador de uno de esos admirables Tíos-vivos, que tan bien simbolizan la marcha de la humanidad: Mire usted, esto podía ser un negocio. ¡Pero si viera usted! Para que esta máquina ande, ¡hay que untar tantas ruedas! Que la licencia del Ayuntamiento, que el inspector del distrito, que el alcalde de barrio, que los guardias, que si se quejó un vecino y hay que callarle ... Crea usted que si me queda una vuelta en limpio me doy por contento. Guardando las debidas proporciones, bien puede ser que esto de la escuadra no sea negocio más saneado que el del Tío-vivo, y los envidiados concesionarios sean al fin más dignos de lástima que de envidia.
Entre tanto, hay quien no contribuye á las cargas del Estado con más de una peseta de cédula, y anda por esos corrillos vociferando como si los millones de la escuadra se los sacaran á el íntegros del bolsillo. ¿Han visto ustedes? ¡qué modo de esquilmar al contribuyente! ¡No se puede vivir en este país! ¡Eche usted millones! ¿Y de dónde salen esos millones; ¿quieren ustedes decirme? Y el hombre se congestiona como si acabara de entregar el cheque.
No, no hay razón para quejarse. Aún los mayores contribuyentes, piensen como son muchas cosas las que el Estado les da por muy poco dinero. ¡No digamos los de la cédula de á peseta y los que ni cédula pagan! Y ellos tienen calles y paseos para esparcirse, alumbrado, museos, iglesias donde pasar el rato; disfrutan de suntuosos espectáculos, como desfiles de corte, revistas militares, procesiones; todo mejor presentado que en cualquier teatro ó cinematógrafo y por menos dinero.
Y estos barcos de ahora, digo de mañana, ¿no son también baratísimos? Si la canalización del Manzanares permite que lleguen un día, siquiera hasta la Florida ... Solo el gusto de verlos no se paga. Y no hay duda, una buena escuadra y un buen ejército son las mejores garantías de paz. Con buena ropa tiene uno más cuidado de no meterse en pendencias, por no estropearla. Sobre todo, cuando no se tiene más que lo puesto.