—Si digo en la comedia.
—¡Ah!
Y otras veces lo contrario.
—¡Qué buena es esta mujer para su marido!
—¿Pero usted no sabe ...?
—Ya lo se; si digo en este papel ...
Y con esta confusión de la vida doméstica con la artística se embrolla á cada paso el asunto de las comedias. Los actores no debían tener vida privada y las actrices mucho menos. A lo mejor hay aquello de:
—¿Ve usted aquellos cinco niños tan monos que están en aquel palco?... Son de la que hace de Doña Inés de Ulloa.
Y, en efecto, al llegar la escena del rapto, los chiquitines lloran que se las pelan porque se llevan á su mamita, y las buenas mamás que están en el teatro cuchichean unas con otras ... ¡Pobrecitos! ¡Qué ricos! ¡Lloran porque ven que se llevan á su mamá ...!
Y á un espectador que no esta en el secreto y los manda á la Inclusa desde el paraíso, le advierte uno de la claque, con muy malos modos: