—¡No sea usted bruto! ¿No ve usted que son los niños de doña Fulana?

Y con todo esto, al llegar la escena del sofá, ya el público sólo se interesa porque los niños van á volver á llorar más desesperados, temiendo que con los arrumacos de Don Juan les van á traer otro hermanito de París ... ó de Nápoles, rico vergel, que es de donde se los traerían á Don Juan ...

En fin, que en el teatro como en la política cuando la vida privada no casa con la pública, no hay modo de convencer á nadie, aunque los versos sean de Zorrilla y los discursos de Demóstenes.


Un libro de versos—Alma-Museo-Cantares—simpático como su autor, Manolo Machado; un moro andaluz que, por no saber adónde iba, se perdió en Montmartre y se encontró en Madrid, y en el fué bien hallado, porque su espíritu es de chispero, aunque al cantar su serenata á la luna, su blancura parece envolverle unas veces en el blanco alquicel de los árabes, otras en la túnica blanca de Pierrot.

Es muy convencional la división de géneros en poesía; porque si la poesía lírica es sincera, tiene siempre mucho de dramática; en un solo monólogo nos dice el drama interior del poeta.

Los sonetos ¿no son una tragedia más de Shakespeare? En las poesías de Manuel Machado también podemos seguir los pasos de una interesante acción dramática, por fortuna no trágica. En este caso, ó yo no se leer, ó todo acabará en boda, y la voluntad del poeta, su voluntad, que murió en una noche luna, en que era muy hermoso no pensar ni querer, resucitará á la luz de otra luna ... de miel. ¿No es eso? Y el poeta nos dirá entonces: que es muy hermoso pensar, pensar intensamente ... cuando se piensa en lo que se quiere.


Una madre con cinco hijas en cuenta corriente, esto es, en espera de colocación, me decía: ¿Ha visto qué idea la de ese joven mejicano? ¡Distinguido, millonario y dedicarse á torero! ¡Mire usted que si le cogiera un toro!

—¡Qué envidia!, digo, ¡qué lástima!, contesto distraído, pensando en las cinco hijas.