Es un libro de que oyeron hablar, como de tantas cosas; un libro que ellas sólo pueden conocer así, por el forro, como tantas cosas. Pero sus ojos acarician el libro cerrado y por su frente pasan adivinaciones que se traslucen en un reir nervioso.

—¡Qué tonta! ¿De que te ríes ahora?

—¿Y tu?

—Me acuerdo de Juanita.

Entra un criado de casa grande, entrega á un dependiente una larga lista de libros. El dependiente busca, reune; entre ellos va el libro. Sale el criado. Ellas, casi á coro:

—¿Para quien son esos libros, sabe usted?

—Para la duquesa de——.

—¡Fulanita!

Lanzan el nombre propio y familiar, para que se entere el dependiente de que la duquesa es cosa muy suya. A continuación, traje de corte y gran gala para la duquesa y algunos allegados.

Es un rato muy divertido el que puede pasarse en la librería á la moda, en estos días en que tantas bellas y graciosas mujeres acuden á proveerse de literatura.