De San Sebastián á Zarauz, de Zarauz á Biarritz, no se oye otra pregunta: ¿Qué gente conocida hay? ¿Hay mucha gente conocida? Y se va de un punto á otro para averiguarlo, y se pondera la excelencia de un sitio, no por sus propias excelencias, sino porque esta cerca de otoros sitios y es excelente base de operaciones: Nosotros preferimos esto—dicen muchos—porque se esta cerca de todas partes. Y hay quien dice con frase gedeónica: Nosotros lo pasamos muy bien aquí ¿sabe usted? porque nunca estamos aquí.

A todas horas van por esas carreteras los automóviles, lanzados como en montaña rusa, trayendo y llevando gente conocida. Y esa es toda la psicología del veraneo: ¡Movimiento, movimiento!

Es gente de tan pocos recursos propios, que la soledad y el reposo les llevaría al suicidio por aburrimiento.

En su cerebro sólo suena algo, como en los cascabeles, cuando se agitan. Todo para que en Madrid pensemos al leer las crónicas de los corresponsales: ¡Como se divierten por allí! Mientras los de allí dirán al leerlas: ¿Pero será verdad que nos divertimos tanto?

¡Y Madrid es tan delicioso en verano! En primer lugar deja uno de ver á mucha gente desagradable. La temperatura es la natural; calor de verano, fresco de verano—nada de excepcional como en el Norte.

La salud pública es excelente, como en ninguna estación del año; la prueba es que casi todos los médicos veranean muy descuidados; verdad que esto puede ser causa ó efecto. En la Exposición del Retiro se da uno la satisfacción, por poco dinero, de proteger el Arte y la Industria juntamente, y lo demás se nos da por añadidura. En Parisiana, con un poco de imaginación, se figura uno estar en la terraza de algún casino de playa á la moda, con su música de tziganes y su teatrillo. Y aún queda la Bombilla para darnos la ilusión de que no nos ve nadie, aunque al otro día le diga á uno todo el mundo: ¿Conque anoche en la Bombilla? ¡Ya esta usted bueno! Y queda el boulevard para darnos la ilusión de un paseo provinciano, y queda ... del Prado al Hipódromo para pasear en simón con neumáticos, con tanta poesía como en góndola veneciana, amores propios de la estación ... Y en fin, lo que dice un diputado, retenido en Madrid por la discusión de los azúcares: ¡Si en Madrid se pasa el verano como en ninguna parte! Yo no tengo prisa por que se cierren las Cortés; he mandado fuera á la familia.

—No siga usted—le atajé en seguida.—Usted lo entiende. Si sigue usted en Madrid y la familia fuera, pasará usted el gran verano. Créame usted; lo que sofoca no es el calor, es la familia. Y si los senadores y diputados dan en mandar á la familia por delante, ya verá usted como no hay tantas prisas porque se cierren las Cortés, y cuando se cierren, todavía se harán algunos los remolones.

Para los que se presenta mal el año, es para esos jóvenes que veranean en un pueblecito modesto y al regresar quieren hacernos creer que han estado en todas partes y han alternado con la mejor gente; porque este año no basta con tener la cara tostada como por el aire del mar, para darse tono, hay que traer unos cuántos chichones y otros cuántos cardenales bien repartidos, para demostrar que se ha cultivado los sports de moda y con alternativa.


Permitida la fabricación y la venta de armas, no sólo de las que puede considerarse como de caza entre las de fuego, ó como utensilios de trabajo entre las blancas, sino de otras muchas que visiblemente no pueden tener mejor uso y destino que el de mojar, según tecnicismo, más tarde ó más temprano, ¿no es una contradicción ó contracción, mejor dicho, que la autoridad proceda á impedir el uso de lo que no impidió la adquisición?