Tomemos un buen aliento y reflexionemos. Todo esta muy bien; sólo que á esas almas sublimes capaces de apreciar otra alma sublime ... ¿qué otra alma sublime las garantiza? ¿Y á usted quien le presenta?, puede aquí decirse. Y en caso de que esas almas sublimes que garantizan estén á su vez garantizadas, ¿no será cosa de premiarlas también con algo, siquiera con el tanto por ciento que suele corresponder á los denunciadores de la riqueza oculta? ¿Es cosa de premiar á los acusones de culpas y de dejar sin premio á los descubridores de virtudes? No, no esta bien, y es más de lamentar cualquier humana injusticia cuando se trata de anticiparnos algo de justicia divina.

El talento ya es tenido en menos que el valor por los académicos, y en la convocatoria parece por completo deslindado de la virtud. Eso sí, en lo material el aprecio es el mismo: mil pesetas; es la cifra: mil pesetas á la virtud, mil al talento. Sólo que aquí no se exige la acumulación de méritos; una monografía histórica, y listos. No es tampoco preciso el concurso de otras almas sublimes, etc ... Los académicos son modestos; para aquilatar virtudes, necesitan del auxilio de esas almas sublimes, etc.; para juzgar del talento, ellos solos se bastan.

¡Héroes, santos y sabios! ¡Vayan, vayan llegando ... ¡Mil pesetas á la virtud, mil pesetas al talento! ¡Ocasión única! El premio no compromete á nada. Una vez cobrado, puede uno dejar de ser virtuoso ó puede uno dejar de tener talento. En el primer caso, tendrá abiertas todas las puertas, y en el segundo ... de par en par las de la Academia.


Lo de hacer su Agosto, no debía decirse tanto por los labradores como por los toreros. Nadie como ellos en España hace su verdadero Agosto. Aunque en el preside el signo del Zodiaco más contrario á los cuernos, Agosto es el mes taurino por excelencia. No hay capital, villa ni lugarejo que no arda en fiestas en su coso, con grandes corridas, novilladas, ó, de no poder más, capeas. La sangre torera hierve al sol canicular.

Y no es sólo en España; Europa entera asiste emocionada á esa interesante corrida que en el ruedo mundial se juega. En ella, Francia y España, con entusiasmo de principiantes, se las entienden con un ganado de mucho peso y de mucho sentido. En localidad de preferencia, Eduardo VII preside sonriente, y entre barreras Guillermo II hace números: el arrastre y la contrata de la carne van por su cuenta.


Así como así, la crónica del veraneo ha sido en este año de lo más precario. Los pequeños escándalos de siempre á cargo de las mismas de siempre, vestales au rebours del fuego sagrado de la murmuración.

Sin embargo, la buena sociedad, mostrándose con ellas muy desagradecida, parece ser que por parte de algunas distinguidas señoras, se ha permitido este verano sus pinitos de boycottage, creemos que como ensayo de un nuevo sport inglés que no puede prosperar en nuestras costumbres.

Esos alardes de severidad sólo pueden estar justificados por el deseo de hacer economías; porque si las señoras dan en seleccionar sus relaciones, sus comidas de más aparato quedarán reducidas á seis cubiertos y sus bailes más concurridos á unas veinte personas.