Sarah Bernard pública el primer volumen de sus memorias. Esta mujer extraordinaria, que será sin duda una de las figuras representativas del siglo xix—no comprendemos como Don Miguel de Unamuno no la ha tomado ya ojeriza—al relatarnos su vida pone el mismo encanto de su vida toda. Ese encanto prestigioso de una vida armoniosa, afirmación de su arrogante divisa: Quand même.
Y no obstante, para curarnos de vanidades, ¡como en esta vida en que todo parece fuerza de voluntad se muestra más claramente el trazo señalado á nuestros destinos por una voluntad sobrehumana!
Todo, hasta lo que más parece desviar de la senda marcada, es solo rodeo para llegar más pronto y con más brío. Y sobre las luchas, los obstáculos, los desfallecimientos, siempre esa alegría íntima, patrimonio del verdadero artista, que puede tener horas de desesperación en su vida, pero nunca una vida desesperada, porque hay algo en el que se sobrepone á todo, la seguridad en sí mismo. Pero los que crean que el camino es fácil, lean la historia de los penosos comienzos de la artista, que ella recuerda con sonrisa indulgente de triunfadora.
¡Las mezquindades de la envidia, la malevolencia de los compañeros, las injusticias de la crítica, las veleidades del público, tornadizo en sus admiraciones, deseoso siempre, como niño, de destrozar y de cambiar sus juguetes!
Cuando se triunfa de todo esto, á pesar de todo—Quand même—es preciso creer en la predestinación, y debemos agradecer á los grandes elegidos de la gloria que nos cuenten su vida, porque si en ellos puede haber orgullo al contarla, al leerla nosotros aprenderemos humildad. No triunfa el que quiere, sino el que puede. Y si el querer es humano, el poder es divino.
De otro modo, ¿quien triunfaría nunca de la envidia, de la calumnia, de tanta y tanta miseria?... que esas ¡ay! sí son humanas, demasiado humanas.
Uno que no quiere aburrirse, ó por lo menos cree que no se aburrirá de ese modo, es un señor que anuncia en la cuarta plana de un popular periódico lo siguiente: Deseo conocer á escritores de verdadero talento. Y debajo: Deseo amistad con mujer inteligente.
Así, poca cosa. Como poseedor de talismán en comedia de magia, que no cesa de pedir gollerías, seguro de que el genio protector ha de concedérselo todo.
Es posible que á estas horas ya tenga en su poder buen número de ofertas y aún es posible, si es hombre de buen humor, que con todas ellas publique un curioso libro, como hizo un norteamericano, quien también anuncio en los periódicos que deseaba correspondencia con señorita distinguida, inteligente y bella, y después con los miles de cartas recibidas, publicó un libro, con el agradecido título de Mujeres anormales que contestan á los anuncios.