A prueba semejante asistimos á cada paso, cuando algún crimen de resonancia es preocupación general en todos los círculos sociales.

Hay quien no puede ó no sabe ocultar sus simpatías y su admiración. Se habla, por ejemplo, de la estafa al Banco de España:

—¿Ha visto usted qué bien combinado todo? Y ya verá usted como al verdadero autor no se le descubre. Y se extiende en todo género de admiraciones á la habilidad y serenidad de los falsificadores, y cada fracaso de las autoridades en descubrirlos lo considera como un triunfo personal. ¡No los cogen, no; ya lo verán ustedes!

Parece como si se animara á sí propio con la impunidad.

Se habla del crimen del «Hojalata», y el que no se atreve á aclamarle por su crimen le admira por su muerte. ¿Han visto ustedes? ¡Qué valor! ¡Vaya un tío! La verdad es que ha conseguido imponerse el respeto de la gente. El hombre que hace eso no es un criminal cualquiera ...

Lectores, desconfiad de estos panegiristas y cuando oigáis á algunos expresarse así, como Víctor Hugo decía: Fulano quiere ser académico, pensad vosotros: Fulano va para criminal. A cuatro delitos que queden impunes, se lanza.


Todos hemos asistido alguna vez al estreno de una obra dramática de interesantísima acción, situaciones de gran efecto, «cuajada» de pensamientos deslumbradores y frases relampagueantes; todos nos hemos interesado, emocionado; hemos aplaudido, aclamado, y al salir del teatro, apenas el aire de la noche ha refrescado nuestra frente, al pretender recoger nuestra emoción, pensamos y no tardamos en descubrir que la emoción desaparece. Aquella hermosa situación, recordamos ... pero verdad es que era muy falsa, porque si el personaje aquel llega antes con la carta ... Y lo natural era que hubiera llegado. ¿Y aquella frase?... Sí, pero la verdad es que lo mismo puede significar lo contrario ... Y así ante el análisis reposado, pronto nos damos cuenta de que nos habían robado la emoción, habíamos sido víctimas de un atraco violento, más ó menos artístico, pero atraco, al fin.

Una cosa parecida nos ha sucedido con la memorable sesión que pudiéramos llamar patriótica. El entusiasmo de la representación no ha resistido el frío de la calle. La obra ha sido de las efectistas.

Muchos millones, mucho patriotismo, hermosas frases, pero muy poca escuadra. Todo ha sido decirnos: Tengamos marina y lo demás se nos dará por añadidura; el común sentir dice más bien: Tengamos lo demás y la marina se nos dará por añadidura.