Nos dicen que de otro modo no podemos salir de casa, y hay que asomarse al mundo. ¡Ay! Esto me hace pensar en esas gentes cursis que viven de mala manera, y cuando se encuentran á algún conocido que ofrece visitarlas se apresuran á decir: No se moleste usted, nosotros iremos á verle á usted, no faltaba más. Todo porque no les descubran la modesta vivienda donde falta toda comodidad y todo lujo. ¿Será por esto nuestro afán de salir á Europa, como los cursis que con cuatro trapitos hacen su papel por esas calles y paseos, aunque en casa no coman? ¿Y no sería mejor que ponernos en facha de salir á visitar el mundo, ponernos en condiciones de que el mundo pudiera venir á visitarnos?
¡El invierno se presenta terrible para los ricos! Ha subido el precio del pan de lujo. Sólo falta que suba también el precio de la gasolina y la vida será imposible para las clases acomodadas.
Por fortuna, ahora es la última moda en comidas aristocráticas probar apenas una cortecita de pan. La delgadez es el ideal estético y casi todo el mundo esta á régimen. Los anfitriones están de enhorabuena. Suprimidos los vinos «matusalenes» y las marcas de precio; con buen surtido de aguas medicinales se sale del paso. Apolinaris, Vichy, Mondariz ... Los comensales se juntan por afinidades curativas.
—¡Usted es Vichy, verdad, marqués? Siéntese usted aquí con la condesa.
—No, querida amiga. Ahora he cambiado. Vichy no me iba nada ... Ahora soy Apolinaris.
—Entonces á mi lado.
—Es lo que yo quería.
—¿Cuántos kilos ha perdido usted este mes? Yo, kilo y medio.
—Yo he aumentado en tres.