Hay toilettes que por sí solas dicen al hombre más atrevido: Hoy no estoy para nada. Hay otras que al más tímido le animan y le dicen: Hoy estoy para todo.
Y advierto á los que pudieran cometer equivocaciones lamentables, que la severidad y la ligereza del vestido femenino, suelen estar en razón inversa del estado de ánimo. Ni debe uno atreverse demasiado por su «deshabillé», todo trasparencias sugestivas, ni acobardarse por un riguroso luto ó un severo hábito. ¡Oh, no! El luto sobre todo si es de viudez reciente, no debe desanimar á nadie. ¡El dolor trastorna!
Los autores dramáticos, por nuestra parte, debemos también una grata memoria al modisto.
¡Cuántas veces una de sus creaciones habrá distraído al público de una pesada escena de relleno ó habrá permitido que las elegantes abonadas perdonen alguna crudeza de frase, disimulando la atención al diálogo con el examen de la toilette!
¡Y para cuántas actrices habrá sido también el modisto gran inspirador, y lo que ellas no supieron poner de su alma en un personaje, supo ponerlo el modisto, mejor intérprete de su carácter con sus trajes, que la actriz con sus recursos teatrales!
Lloremos á un precioso colaborador y piensen algunas actrices, quien va á proporcionarles ahora el talento que necesitan. Por algo cuando un papel le va á un artista, se dice que es un traje á la medida.
Y habrá actrices que no sepan de Ibsen; ¡pero de Paquín!
Nadie como yo cree en la conveniencia de los teatros populares como excelente medio de propaganda educadora; pero creo también que los espectáculos ofrecidos en nuestros teatros baratos más contrarian que favorecen la cultura del pueblo.
Convengamos, en que la mayor parte de las obras en ellos representadas no son escuela de buenas costumbres, ni siquiera de buen lenguaje. El teatro ha contribuído no poco en España con sus exageraciones ya cómicas, ya melodramáticas, á la profusión de ese tipo odioso del chulo teatral, al que si fuera á buscarse cabal genealogía no sería difícil hallársela en los galanes de nuestras comedias clásicas; pero allí era por lo menos limpio el vocabulario y la chulada era retórica.