Tal vez no sea posible que en todas las mesas haya orquídeas. ¿Pero será tan difícil, estará tan lejano el día en que pueda haber en todas pan y unas rosas?
XX
Las señoras de Nueva York andan alborotadas porque recientes ordenanzas las prohiben fumar en lugares públicos. Creo que las autoridades más han pretendido favorecerlas que molestarlas.
Nunca he comprendido ese furor que siente mucha gente por obtener una consagración oficial y pública para una porción de cosas que tiene su mayor encanto en no trascender del dominio privado.
El cigarrito femenino es una de estas. En la mujer no se comprende el uso del cigarro por el cigarro. Ha de ser un detalle más de una «mise en scene» muy cuidada en un cuadro muy íntimo. Decoración muy moderna de tonos muy armonizados, tono sobre tono, la escala de los verdes ó de los rosas ó de los grises. Aconsejaos de un buen pintor ... muerto. En el Museo del Prado hallaréis excelentes motivos de inspiración. Después, uno de esos divanes, que una señora amiga mía, llamaba con gráfica expresión, revolcaderos, pero que yo no me atreveré á nombrar de ese modo; un diván cama, poco levantado del suelo, cubierto con una auténtica piel; camello, oso blanco, cabra de Angora, zorros azules con sus cabecitas. Esto último no se recomienda tanto, porque los amigos harían chistes. La piel puede sustituirse por un rico paño de terciopelo, bien entonado con nuestra carnación. Hay que ponerse en todo. Profusión de almohadones, no esos almohadones vulgares de telas estampadas; almohadones muy personales. Cerca, lo necesario y lo superfluo «pour en griller une». Todo como de juguete y todo ejemplar único, á ser posible.
En estas condiciones el cigarrillo, el mismo cigarro puro, parecen tan propiamente femeninos, que son los hombres los que piensan entonces que acaso el fumar sea más propio vicio femenino y no tarden en arrojar su cigarro, como avergonzados.
Para mí no hay duda de que el cigarro pasará en fecha no muy lejana á ser de uso exclusivo de las mujeres, como el abanico, el manguito, que en un principio usaban por igual hombres y mujeres; como será con tantas otras cosas á todas luces más apropiadas al carácter femenino, por ejemplo, el arte, la política, todo aquello en que sea elemento primordial la seducción. Porque vamos á ver. ¿A ustedes les parece propia de hombres la actitud de un artista pensando siempre como agradará al público? ¿Y la de Maura, pensando siempre como agradará á Cambó?