Y aquí un curso de filosofía de la historia ... Y la historia no debe enseñar gran cosa cuando todavía no han aprendido algunos gobernantes que se puede hasta tiranizar en pleno siglo xx, y lo que no se puede es dejar sin voz á los pueblos para quejarse siquiera de la tiranía.

Carlyle, tan enamorado del silencio, consideraba, no obstante, como pueblos muertos á los que, según el, no tenían voz, es decir, á los que no habían expresado en forma artística sus sentimientos, sus aspiraciones, sus esperanzas ó sus recuerdos. Fuera del arte existen en la vida moderna otras muchas voces que son señales de vida, el Parlamento, la prensa, la opinión pública en todas sus manifestaciones; gobernar sin ellos es gobernar en silencio, el silencio del vacío es remedar al avestruz en lo de esconder la cabeza bajo el ala, para no ver al cazador, porque lo que no se ve ni se oye, es por un momento como si no existiera ... No, la historia no enseña nada, ni siquiera la Natural; hay gobernantes que no aprenderán nunca que dejar á un pueblo sin voz es obligarle á que la acción sea más violenta, y que la postura del avestruz no es postura airosa para hombres de gobierno.


La rueca y la pluma. Apólogo.

Dijo la sartén al cazo, etc. Dijo el orador al escritor: Quita de ahí, hablador.

Ya lo véis, escritores; con un poco de imaginación, podéis pareceros, al escribir, á la mismísima Margarita del «Fausto» al surgir, evocada por Mefistófeles, ante los ojos del viejo doctor, dándole á la rueca y al huso.

¿Con que el ejercicio de la pluma supone cierta timidez y debilidad de carácter? Pruebe, pruebe el Sr. Maura por una vez á estrenar, siquiera una piececita del género chico, sin mayoría, es decir, sin claque, y verá lo que es bueno.

Y aún insisten los escritores en acudir al gobierno en demanda de indultos para Nakens y Morato. Ya véis en lo que se nos estima, y bien podemos suponer en lo que han de estimarse nuestras peticiones. ¡Gente de pluma! De rueca como si dijéramos.

¡Si lo dijeran Hernán Cortés y el Gran Capitán!

Pero créanos el Sr. Maura: oradores y escritores, todos somos unos. Plumas y lenguas, todas son ruecas.