Ejemplos: Una joven honrada pierde su reputación por un hombre rico. Todos dirán: ¡Qué locura la de esa muchacha!
Se casa con un pobre. Todos dirán: ¡Qué tontería!
Un hombre, en opinión de cumplidísimo caballero, se alza de la noche á la mañana con unos fondos confiados á su honradez. Todos dicen: ¿Ha visto usted qué locura la de ese hombre?
Se arruina por completo: ¡Qué tontería!
No hay confusión posible entre el tono de compasión del que dice: ¡Qué tontería!, y el de admiración envidiosa del que exclama: ¡Qué locura!
A propósito de ese desfalco de trescientas mil pesetas. ¿A que no han oído ustedes decir á nadie: Qué tontería?
Todo, menos moralizar. Contemos las cosas como son y la moralidad saldrá sola, si moralidad hubiere. Dígolo, porque esto de la moralidad y del humorismo se ha puesto tan barato, que ya no es posible leer la más sencilla noticia del más insignificante suceso sin su comentario, ya moral, ya jocoso. Pase por la moralidad; pero lo de hacer donaire á costa del infeliz que se suicidó, ó del que fué robado, ó del que sorprendió á su mujer con el amigo, ya no me parece de tan buen gusto. Los sucesos no deben pesarse por sus causas, sino por sus efectos, y es crueldad hacer sainete de estas pequeñas tragedias de la vida humilde.
¡Cuánto mejor empleado el humorismo á costa de las ridiculeces de los grandes! ¿Por qué hablar en serio de los perifollos de la marquesa X y de sus ridículos saraos y tomar el pelo, en cambio, á la infeliz costurera que fracasa en su tentativa de suicidio? ¿Por qué tratar en grave estilo la borrachera de vanidad del eminente imbécil Don Fulano, y en tono ligero la simpática curda de algún alegre ciudadano?
Bien se, ¡oh apreciables humoristas! que esto del humor es lo más subjetivo y es cualidad suya reir de lo triste y entristecerse por lo alegre, pero haya á lo menos simpatía en nuestro humor. Bueno es reirse de los que quieren entristecernos, pero es crueldad reir de los que realmente están tristes. ¡Viva el humorismo sobre todo! Menos sobre el dolor ajeno.