Ninguna campaña tan injusta como la emprendida contra los prestamistas; seguramente por gente que no les debe nada. El arte de estimar á sus acreedores es un arte de gran señor. ¡Aquel admirable Don Juan de Molière, deshaciéndose en cortesías y en agasajos con Mr. Dimanche! El dinero es mercancía cara y no se por qué ha de estimarse al comerciante que gana un cincuenta por ciento vendiéndonos una corbata, y hemos de maltratar al que vende su dinero con la misma ganancia. Mucho más cuando la corbata no nos saca de ningún apuro, y de mejor ó peor clase, nunca falta un amigo ó pariente que nos regale una flamante ó de desecho, ó alguna amiga cariñosa que nos fabrique una de algún vistoso retal de sus galas ... ¡Pero el dinero! Cuando ni amigos ni parientes os lo faciliten, siempre hallaréis al prestamista, que sin razones de afecto ni de simpatía, ni importarle dos cuartos de vuestras condiciones personales, solo por la garantía de vuestro trabajo; ó de vuestros bienes presentes y futuros, incluida vuestra tumba, si la poseéis á perpetuidad, os ofrezca, mediante unas ligeras formalidades, lo bastante á pagarle comisión y el primer mes de intereses. Y es tanto su deseo de serviros eternamente, que su mayor disgusto es verse pagado en breve plazo. A los pocos días el mismo vendrá á ofreceros su bolsa, siempre repleta y siempre franca—salvo las pequeñas formalidades.—Su ideal es ligaros por fin con algún contrato de carácter matrimonial, por lo sagrado y por lo inrompible. Sólo así se considerará dichoso. Y ¡hay quien reniega de estos vínculos, que ligan á una persona á nuestra vida por toda la suya! ¡Una persona que se inquieta como ninguna otra por nuestra salud, por nuestra suerte, por todas nuestras vicisitudes! Que será la primera en aconsejarnos y en recomendarnos específicos y doctores; la primera en evitarnos toda clase de disgustos y lances desagradables en que podamos arriesgar nuestra vida ... ¡Qué horrible soledad la del que vive sin este calor afectuoso que nunca falta, cuando acaso falta el de otras personas á quienes nada debemos y todo nos lo deben! Esto nunca se paga bastante, no se paga con nada ... ¡Contar con una lealtad á prueba, á cambio de dinero! ¡Cuando todos nos engañan, saber que alguien no nos engaña nunca! ¡El prestamista! Y si alguna vez nos engaña, ¡qué sublime engaño! Es que nos rebaja los intereses ó nos perdona parte de la deuda ... No comprendo como haya quien hable mal de los prestamistas. El que no haya tenido acreedores, se morirá sin saber lo que es un verdadero afecto. Y el que antes de morir haya pagado todas sus deudas, ¿como podrá tener la seguridad de que alguien llora su muerte sinceramente.
La respetable señora que paró el sol de sus elegancias en las modas del segundo imperio, ve entrar á su nieta, moldeada en un vestido tanagra y no puede contener su espanto.
—¡Jesús!
—¿Qué te pasa, abuelita?
—Nada. ¡Ese vestido, estas modas! ¡No puedo acostumbrarme!
Una atrevida postura de la joven al sentarse, redobla el espanto de la abuela.
—¡Si eso es como ir desnudas! Con estos trajes no podrán decir los hombres que se casen, que fueron engañados al matrimonio, respecto á lo físico ...
—Es verdad; el miriñaque y el polisón eran más graciosos y más artísticos. No hay más que ver estos retratos ... ¡Como teníais valor para vestiros de ese modo!