Pero, en fin, si recuerdo hubiere, Dios nos lo depare bueno, y sobre todo, para nada se tenga en cuenta los precedentes—¡nuestro gran tirano!—Hagan algo nuevo, y si á los precedentes hay que atenerse, cerca esta el de los admiradores de Tolstoï, que se disponen á celebrar el jubileo del gran escritor, publicando una copiosa edición de sus obras en todos los idiomas del mundo.

Sin propagar previamente la lectura de sus obras, ¿podemos estar seguros de que el Larra más popular y conocido sea el primero de la dinastía, cuando existe el celebrado actor cómico del mismo nombre y apellido? Sin olvidar al aplaudido autor de «El barberillo de Lavapiés» y al no menos aplaudido autor de «La trapera»; todos ellos más populares y conocidos hoy que el inmortal Fígaro; para que los hombres graves puedan decir como el Rey Lear: «¡Take phisic pomp!» Y no traduzco, porque dentro de pocos días tendremos aquí una compañía de opereta inglesa y todos nos hemos de reir como si lo entendiéramos.

A los partidarios de un idioma universal, les anticipo que las artistas son muy guapas. Tuve el gusto de verlas en Santos; el barco que las conducía á Buenos Aires hacia allí escala, y las lindas artistas se divertían en hacer un poco el muelle, y entre los negros cargadores y los traficantes del puerto, ellas, con sus más claros trajes y sus más rubias cabelleras daban una alegre nota de juventud y de belleza; la alegría del arte que pasaba por aquel hormiguero de traficantes y especuladores ... y ellas reían, reían, en la claridad de sus cabellos rubios, sus vestidos blancos y sus sombrillas rojas, reían con esa risa fresca y sana que hace parecer siempre niñas á las inglesas cuando pasan por tierras de sol y ellas son lindas.


La compañía de opereta inglesa ha sorprendido á muchos con su repertorio y con su manera. ¿Qué esperaban ustedes? ¿Es peor nuestro género chico? ¿Se convencen ustedes de como nuestro público es el más difícil de contentar, y eso que paga menos que ningún otro por divertirse en el teatro? No es que me parezca mal esta opereta inglesa, que desde luego supone un público bonachón, un público que ha trabajado y ha pensado seriamente durante la jornada y quiere distraerse con el menor esfuerzo intelectual posible. Es teatro para razas fuertes y trabajadoras. Sucede también que en estas razas fuertes están más especializadas las aptitudes y hay un respeto mutuo de unas profesiones á otras, que aquí desconocemos, porque aquí todos servimos ó creemos servir para todo. Aquí, el público se coloca siempre en actitud de superioridad sobre el autor. Cada uno tanto como vos, y todos juntos más que vos.

Lo cierto es que por esos mundos teatrales el público se contenta con menos, y cuatro chistes bastan para decorar una obra cómica y una escena de fuerza para interesar en una obra dramática; de lo demás se encarga la belleza de las actrices, el decorado y el vestuario. ¡Pensar que aquí tenemos para ilustrar el género chico á un músico como Chapí que en otras partes sólo hubiera escrito grandes óperas, que muy contados entre los que las escriben por ahí pueden compararse con nuestro glorioso maestro! Y entre los libretistas son muchos, por graciosos y atinados observadores, por lo vario y fértil de su ingenio, los que pueden compararse sin menoscabo, con tanto y tanto «vaudevillista» de universal exportación y renombre.

Mientras nuestro más selecto público procura convencerse de los encantos de la opereta inglesa,—el abono esta ya pagado y qué remedio sino apencar y divertirse,—y mientras en París, una de las obras maestras del teatro inglés—«Cándida», de Bernardo Shaw,—es acogida con el eterno desdén de los parisienses por todo lo extranjero, nuestro género chico, representado por «El pollo Tejada»—«Le beau Tejada»,—obtiene la más calurosa acogida.

La música alegre de Quinito Valverde esta en París como en su casa. Bueno es que autores y músicos nos vayamos preparando para la emigración, porque como esa ley terrorista á todo llega y todo lo abarca, como el dedo de la Providencia, no digo un Calderón, autor dramático, hasta un calderón musical puede parecer subversivo.


Dice Nietzsche que el imperio—donde dice Imperio léase cualquier partido de fuerza,—mira en el fondo con gran simpatía al socialismo—léase cualquier partido más ó menos perturbador ó avanzado,—porque le da pretexto para extremar los medios de represión, en defensa del orden social que á todo gobierno esta encomendada.