No diré yo que el terrorismo barcelonés fuera plato de gusto para el gobierno conservador, pero no ha sido mal pretexto para desatar de una vez toda su furia reaccionaria y sobre toda España, bien inocente y bien ajena á lo que en una determinada provincia ocurra.
Si alguien dudaba que el terrorismo se había hecho reaccionario, bien puede convencerse ahora. Y no hay que fiar en las buenas palabras de estos conservadores al uso—harto ha confiado en ellas la opinión liberal del país,—con que pretenden convencernos de que no es para tanto ni la cosa es tan sería como parece; malo es dejar y permitir en manos de esta gente leyes de estira y afloja. Sobre todo, hora es ya de no permitir que entre los partidos reaccionarios y los liberales, suponiendo que los dos extremos constituyeran un mismo peligro para el orden conservador, no digamos social, todos los halagos, complacencias y mimos sean para los primeros, y todos los desdenes, represiones y alardes de fuerza contra los últimos. Tanto va el cántaro ...
¿Son Rusia, Turquía y Marruecos, ejemplo de países civilizados ni de tranquilidad siquiera en sus esferas gubernamentales?
¿Tan buen éxito tuvo el ensayo reaccionario en Portugal con estar algo más justificado que en España? ¿Qué situación excepcional del país reclama la aplicación de tantas leyes especiales? Porque una persona de la familia esté enferma, ¿es para sujetar á un plan curativo á toda la familia? Bastante es ya tolerar las impertinencias del enfermo, y mucho más cuando la enfermedad es nerviosa y hay tantos motivos para creer que de conveniencia.
¡Si á lo menos para compensación, lo que va en retrocesos espirituales fuera en adelantos materiales! Pero sí; una vez más el servicio de incendios ha demostrado que cuenta con todos los elementos más modernos y necesarios, exceptuando el agua, detalle sin importancia. De la recogida de pobres, como si nada hubiéramos hablado, porque al que no le molestan á cada paso, será porque no salga de su casa ó vaya en coche galoneado. Las calles mal barridas y peor regadas; el pavimento imitando á la naturaleza, y en todo así. Nuestros gobernantes no tienen siquiera la delicada atención de esas mujeres que cuando más engañan á su marido más procuran que no tenga que poner falta en el cuidado de la casa y de la comida. Yo se de algunos. ¡Seres egoístas y regalones! que por ver una población linda, con sus calles bien pavimentadas, sus jardines bien cuidados, las gentes limpias en su aspecto y urbanas en su trato, la policía y todos los servicios municipales de organización intachable, darían muy gustosos todas las conquistas de la libertad y de la democracia, sufragio universal, jurado, hasta la Constitución inclusive ... Pero la verdad, ¡tan abandonado y tan sucio todo y encima leyes terroristas! No hay derecho, señores, no hay derecho.
¡Quién te ha visto y quien te ve, corrida de Beneficencia! ¡Aquella famosa, entre todas, en que reapareció Frascuelo, después de no haber toreado por algún tiempo en Madrid! La víspera de la corrida la gente velo toda la noche en larga fila esperando la apertura del despacho de billetes. No bastaba el dinero sin buenas influencias para obtener una localidad preferente, un coche y un ramo de claveles.
Por fortuna, en esta temporada, algo hemos tenido evocador de aquellos pasados entusiasmos. La corrida en que tan bien se esta toreando esa ley del terrorismo, bicho de mucho cuidado y sentido. Corrida que puede considerarse de beneficencia; que tan necesitada de ella estaba la pobrecita libertad española. Y gracias sean dadas á los sobresalientes lidiadores que con el mayor desinterés y entusiasmo se han prestado á torear en ella. Barcia, Grandmontagne, Iglesias, Dicenta, Costa y otros muchos, que han picado, banderilleado y estoqueado con arte supremo; sin olvidar el soberbio quite aguantando del maestro Burell; todo lo cual ha constituído una corrida inolvidable, bastante á compensarnos de las mojigangas y novilladas que presenciamos á diario.
La intención de la empresa estaba vista; soltar unos toros que acabaran de una vez con los primeros espadas que no se presten á contratarse en las condiciones exigidas por el empresario. Pero la corrida quedó bien despachada, y por ahora, la empresa no se saldrá con la suya, y en el fondo, aunque se lastime un poco en su amor propio, debe alegrarse. Por ese camino íbamos á las corridas á la portuguesa.