¡Quién te ha visto y quien te ve también, paseo de coches del Retiro y de la Castellana, en estas tardes de primavera y entrada de verano! Eras una de las delicias madrileñas, con tus trenes de lujo á paso tranquilo, tus mujeres con alegres trajes y floridos sombreros que se dejaban ver en los milores y sociables. El automóvil ha atropellado con todo.

La gente adinerada ha sustituído los arrogantes troncos de caballos, los coches señoriales, por el ruidoso artefacto mecánico. El coche de establecimiento, el de círculo y el alquilón democrático, quedan como campeones vencidos del arrastre de sangre. El paseo esta convertido en carretera, por donde entre nubes de polvo y de humo pestilente corren los automóviles como tren de viaje ó de guerra. No sabemos que admirar más, si la tolerancia de las autoridades consintiendo en el paseo automóviles que no sean eléctricos, si la paciencia de los que reciben polvo y humo, desde sus modestos carruajes ó la falta de ... diremos de buen gusto, de los que hacen carretera de un paseo por ostentar un lujo, que en este caso más parece economía; porque cada cosa en su lugar y el automóvil para una prisa. ¡Pero para dar unas vueltas en el Retiro ó la Castellana! ¿No tendrán un capítulo de esto esos libros que tratan del buen tono ó del arte de vivir en sociedad?


Lo poco que hable de la Exposición de pinturas, fué antes de haberla visto. Hoy, contra la opinión de muchos me atrevo á afirmar que no puede calificarse de insignificante una Exposición en que figuran—no cito otras obras de mérito—los cuadros de Romero Torres. No recuerdo á qué Exposición habría que remontarse para encontrar algo parecido. Las frases admirativas están mal gastadas por el abuso y no son obras que puedan elogiarse como se han elogiado tantas otras. Son piezas de museo; pero si á ese lugar son destinadas, no debe olvidarse que tenemos dos; uno, ¡ay! llamado moderno—aunque ya va pareciendo prehistórico,—y otro, el verdadero, el único, conocido en todo el mundo del arte y Madrid por el, como Museo del Prado. Si los cuadros de Romero Torres han de figurar entre sus iguales, solo en este Museo deben hallar lugar, sin temor al fallo de revisión de los venideros.

¡Pero váyanle ó vénganle ustedes con exposiciones al señor público! Después del día de inauguración, en el que acude la concurrencia por motivos de curiosidad, ajenos al arte y sus vanidades, no hay sitio más á propósito para citas misteriosas y entrevistas reservadas, que cualquiera de nuestras exposiciones.

De la de Pinturas, según nos afirman, ha ahuyentado al público bien, ¡muy bien! la abundancia de desnudos. ¡Siquiera hubieran tenido los artistas la precaución de vestirlos con esos trajes directorio que empiezan á lucir nuestras elegantes!

¡La moda de los trajes Directorio después de la moda de los trajes Imperio! ¿Tendrá esto su filosofía? Solo un Carlyle en un nuevo «Sartor Resartus» pudiera explicárnoslo ... Pero si la serie continúa de este modo en sentido inverso á ese paso regresivo, llegaremos á la Revolución. Todo, por supuesto, en las esferas modistiles y femeninas, que tocante á los hombres, paso la moda Imperio sin un Napoleón; pasará la Directorio sin un mal Barrás, y así todo ... La Historia, en su mayor parte, es hechura de sastres y modistas. Sin la variedad de trajes, ¡sería tan difícil diferenciar los siglos unos de otros! ¡Modas en el vestir, modas en el pensar! Desnudos cuerpos y pensamientos ... ¡el hombre siempre el mismo!


El pasado día de la Ascensión fué en este año, con doble motivo, uno de los jueves que relumbran más que el sol, según canta la copla popular. Todo fué Ascensión; sursum corda de los corazones liberales. Ni la corrida de toros con su cartel de Miura—casi en aniversario de la muerte del Espartero, hay que estar en todo ¡oh, empresarios!—pudo restar concurrencia y entusiasmo al meeting del teatro de la Princesa. De Maura á Miura no va más que una letra, y desde luego había más confianza en los diestros que habían de lidiar el ganado del primero que en los anunciados para lidiar el del segundo.