Plutocracia y Teocracia fueron bien despachadas. Si esta moderna Teocracia tuviera algo de común con la doctrina predicada por Cristo, El, que consideró más difícil el paso de un camello por el ojo de una aguja que la entrada de un rico en el reino de los cielos, no dejaría de sorprenderse al ver como á los mil novecientos ocho años de su nacimiento eran los ricos de este mundo los más decididos apóstoles de su doctrina.


Es natural; en una buena y cómoda posición puede esperarse más tranquilamente el reino de los cielos, y nadie más obligado á creer en el poder de lo divino que los que tantos favores han recibido de su bondad. Cuánto más ricos, más fervorosos creyentes. Los que pasaron su vida dando con el mazo, aunque no hayan dejado de rogar á Dios por eso, saben muy bien lo que razonablemente puede esperarse del trabajo honrado y del favor divino.

Pero los que se hallaron en posesión de grandes riquezas, sin esfuerzo mayor de su parte, por cómodas herencias ó saneados negocios, de esos que se vienen á la mano, sin buscarlos muchas veces, ¿como no han de ver algo sobrenatural y milagroso en su suerte, y como no han de protestar contra los rebeldes y los inquietos que, mal hallados con el orden social, se atreven á pretender un arreglo más equitativo en las cosas del mundo, fiando algo más en el esfuerzo humano y un poco menos en la intervención divina? ¡Oh, gente impaciente y descreída! Como si todo no estuviera lo mejor posible y los hombres pudiéramos atrevernos á trastornar esta divina armonía del mundo.

Para estos plutócratas la Teocracia es un punto de apoyo, no para mover, sino para inmovilizar el mundo.

No es ninguna tontería la de los señores: Resignación, humildad, nada de rebeldías, nada de impaciencias ... Dios sabe dónde vamos y adónde nos lleva ... Esperemos, esperemos ...

Todo esta bien: esperemos, pero ¿quieren ustedes cambiar de sitio?

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