Desde Juan Pablo Rubens, el magnífico pintor de los dioses paganos, no tuvo nación alguna por embajador á tan gran artista, como ahora la república de Nicaragua, en la persona de Rubén Darío.

Mejor que de nación alguna, por noble y poderosa que fuera, quisiéramos verle embajador por derecho propio, del reino ideal de la Poesía, á este soberano poeta, rey mago de una región encantada, como Próspero en la isla prodigiosa de Caliban y Ariel.

Y así ha de ser, que por mano de tal poeta nunca han de cruzarse enfadosas notas diplomáticas, sino mensajes de paz y salutaciones de amor.

¡Por bien empleados todos nuestros triunfos y todos nuestros descalabros en tierra americana; por bien empleados, que por todo ello hoy nos vuelve con nuestra propia lengua tan alto poeta, como flor suprema de cuanto allí sembró nuestro espíritu en glorias y en tristezas.


Las compañías de opereta inglesa é italiana ofrecen al observador fecundo campo en comparaciones. Para que éstas no sean odiosas—hemos convenido en que las comparaciones son odiosas, mejor dicho, han convenido los que tienen que perder en ellas,—me limitaré á comparar estilo con estilo, la manera.

En la opereta inglesa todo es candoroso, infantil; se canta, se baila, se salta, se corre, se abraza y se besa también, sin que el espectador más picardeado halle malicia en todo ello; es como juego de niños, todo alegría inocente, salud y vida. Y no es que las artistas escatimen ninguna exhibición; hay descotes valientes y piernas por el aire—verdad que tratándose de inglesas, muchas veces es difícil descubrir dónde acaba el aire y donde empiezan las piernas,—pero todo, ya digo, es como juego ó gimnasia, que aleja del espectador las sugestiones maliciosas. Es un espectáculo confortador, reconstituyente; sale uno del teatro con ganas de bailar, de saltar, más fuerte, más ágil y más alegre.

En la opereta italiana, todo es sensualidad y maliciosa intención. Los artistas subrayan las frases más inocentes. Cuando una artista italiana dice: Buona notte, arrivederci, el espectador cree adivinar la promesa de una noche de amor, y así en todo; música, baile, todo es sensual, todo con ese doble sentido erótico, tan aguzado en los públicos latinos.

No hay que decir si el éxito de una compañía italiana ha de ser siempre mayor entre nosotros que el de una compañía inglesa.

Nuestra sensualidad no es nada pagana, no es de bellas formas y nobles ritmos de actitudes; es de desnudeces entrevistas, de frases intencionadas, de malicias equívocas ...