El proverbio francés: «Les absents ont toujours tort», no reza en modo alguno con nosotros, que nunca hacemos mejor papel que cuando nos ausentamos. Dígalo el entusiasmo conque nuestros marinos han sido recibidos en la Habana. No hay idea del amor que nos tienen en toda la América española, desde que solo nos queda allí el reino de las almas. ¿No es el, bien mirado todo, el inmortal seguro de que nos hablo el poeta?

¿Sabremos colonizar mejor estos espirituales dominios que supimos colonizar los materiales? ¿Todo quedará reducido á luminarias, brindis y salutaciones?

Ahora somos nosotros los que debemos desear más que nadie la libertad de Cuba, que yendo para libre se quedó en protegida; cosa tan triste, como ir para santo y quedarse en beato.

Pero cuando Cuba haya conquistado por completo su independencia y haya aprendido á gobernarse por sí misma, ¿no será la peor señal de que ha dejado de ser española?

El día en que esas hijas nuestras tengan juicio, no las va á conocer su madre.


Con las más persuasivas razones quieren convencernos de que ese proyecto de administración local es, si no la felicidad completa, que no es de este mundo, ni siquiera dividiéndole en regiones, lo más parecido á la felicidad. Quieren, además, persuadirnos de que el más amplio espíritu liberal lo informa, y siendo así no se comprende la tenaz oposición de los elementos liberales á que el proyecto sea ley. Y puede que todo sea verdad, pero, ¡«velay» ustedes! Nadie tiene la culpa de que la opinión liberal esté tan desconfiada que de manos conservadoras y solidarias, de cien vueltas al duro antes de tomarlo.

Las cosas son buenas ó malas por sí. ¿Quién lo duda? Pero como la opinión general, de la que todos vivimos, no suele ir tan al fondo y se detiene en la forma, y la forma en este caso deja tanto que desear ...

¡Oh, la manera! No es nada y es todo. En esta superficialísima región central, corte del reino de la Bagatela, en este Madrid del chiste y de la broma, nos pagamos tanto de la manera! Si los catalanistas creen que nos asustamos de lo que piden, están equivocados; nadie se asusta ... Nos desagrada la manera de pedirlo.

En cuanto viéramos en ellos alguna indicación que pareciera de un camino hacia Europa, por allí iríamos con ellos ...