Los últimos versos de esta estrofa recuerdan inmediatamente a nuestro Segismundo de “La vida es sueño”. En el poema de Hernández hay otras varias referencias a libros españoles, que iremos anotando después; el Quijote está patente en el Martín Fierro, y la obsesión de Espronceda obsérvase igualmente a lo largo del poema criollo. Los consejos que da el viejo Vizcacha a un hijo de Fierro, son eco demasiado patente de las advertencias que el presidiario hace al héroe de El Diablo Mundo.
La queja del gaucho se parece a la del andaluz; pero si en la copla andaluza palpita frecuentemente la indignación, la violencia o el arrebato pasional, en la estrofa criolla vaga un no sé qué de resignado y suave. Rara vez suena la copla criolla a maldición y a rebeldía, como en el canto andaluz; el gaucho gime con un tono más pasivo, más rendido y caballeresco; hace, frente al desdén de su dama, no como el enamorado andaluz, sino como el enamorado gallego o el galán provenzal.
Yo me atrevo a reproducir, dándole un valor totalmente representativo del carácter sentimental criollo, esta vidalita, muy popular en las tierras del Plata:
Palomita blanca,
vidalitá,
la que yo crié;
salió tan ingrata,
vidalitá,
que voló y se fué...
Toma aquí el sentimiento de un pueblo la expresión más resignada, triste y vagorosa. Apenas si el enamorado osa protestar. Es como si admitiera la ley del destino que convierte a la mujer en cosa deseable, frágil, bella, fácilmente desvanecible. Admite la fatalidad, y como buen fatalista no incurre en la inútil propensión a la ira y los desesperados ultrajes.
Se siente, pues, el gaucho obligado a una actitud de compostura frente al desvío inevitable de la mujer. Y toma la postura del lamento según la buena tradición romántica y caballeresca del galán desgraciado; se refugia, pues, en la queja transcendental, en el suspiro y en el culto ácido de la ausencia. La ausencia, como tema de erotismo desgraciado, llena el fondo del cancionero popular argentino.
La copla andaluza exclama:
Entre Córdoba y Lucena
hay una laguna clara
donde lloraba mis penas
cuando de tí me acordaba.
Pero aun aquí resalta o se entrevé la esperanza de recuperar el amor malogrado, o se presiente la secreta ira del amador que podrá acaso alguna vez ejercitar su derecho a la venganza. El defraudado galán criollo se contenta con gemir:
Palomita blanca,
remonta tu vuelo,
y al bien que yo adoro
dile que me muero...