Los mismos criollos castizos, cuando más presumen de estar argentinizando, no hacen otra cosa que hispanizar. Suelen darse, al efecto, equivocaciones graciosas; porque ellos piensan que las palabras y refranes que dicen son de pura cepa criolla, cuando son, al contrario, españoles. Esta equivocación, acaso, provendrá de la carencia de continuidad literaria y étnica. Leen los criollos muy escasísima literatura española; por otra parte, ellos ven llegar a los inmigrantes del país vasco, de Galicia, de tierra de Cameros, gentes que hablan un mal castellano, o un castellano incipiente.

El viejo Vizcacha no es ni más ni menos que un pícaro de Mateo Alemán, de Hurtado de Mendoza o de Cervantes. Nada dice que no supieran nuestros clásicos pícaros.

Jamás llegués a parar
adonde veas perros flacos...

El diablo sabe por diablo,
pero más sabe por viejo...

Hacéte amigo del Juez,
no le des de qué quejarse;
y cuando quiera enojarse
vos te debés encoger,
pues siempre es bueno tener
palenque ande ir a rascarse...

Este redomado pillo que llaman Vizcacha parece un ente redivivo, arrancado propiamente del Arenal de Sevilla, del Perchel de Málaga, de las Almadrabas de orilla de la mar. Tiene toda la sorna antigua y racial, un poco disminuído sin duda por la inyección taciturna y sosa del indio. Conserva, aunque un tanto mitigado, el don de la gracia andaluza. Y expresa en sus dichos toda la sutileza filosófica, castizamente hispana, popular; toda la presteza del madrugador; todo el egoísmo experimentado y concienzudo, entre estoico y cristiano, del hombre que se lanza a luchar con jueces prevaricadores y pillos despiertos.

Véanse algunos de sus consejos:

No andés cambiando de cueva,
hacé lo que hace el ratón;
conserváte en el rincón
en que empezó tu existencia;
vaca que cambia querencia
se atrasa en la parición.

Y menudiando los tragos,
aquel viejo como cerro,
—No olvidés, decía, Fierro
que el hombre no debe creer
en lágrimas de mujer
ni en la renguera del perro.

A naides tengás envidia,
es muy triste el envidiar;
cuando veas a otro ganar
a estorbarlo no te metas.
Cada lechón en su teta;
es el modo de mamar...