Con un socio que lo entiende
se arman partidas muy buenas;
queda allí la plata ajena,
quedan prendas y botones.
Siempre cain a esas reuniones
zonzos con las manos llenas.
Deja a veces por la boca
haciendo el que se descuida;
juega el otro hasta la vida
y es seguro que se ensarta,
porque uno muestra una carta
y tiene otra prevenida...
Pero el libro del Martín Fierro es a su manera una obra moral, y en sus versos se salva siempre la virtud. Así, en las novelas picarescas, aunque los pillos hicieran muchos desaguisados, nunca faltaba la ejemplaridad y la coletilla moralizante. El hijo del sargento Cruz, por tanto, se arrepiente de esas fechorías y hácese mozo honrado. Y larga unos versos muy sentenciosos para lección de incautos:
Y esto digo claramente,
porque he dejao de jugar;
y les puedo asegurar,
como que fuí del oficio,
más cuesta aprender un vicio
que aprender a trabajar...
CAPÍTULO XI
Consideraciones Finales
REPETIRÉ nuevamente, antes de acabar, que el Martín Fierro me parece el último verdadero poema popular español que se ha escrito en lengua castellana. No importa la incultura y sencillez de quien supo escribirlo tan fragante y sincero, tan incorrecto y rudimentario, ni tampoco importa que se refiera el poema a costumbres y tipos de la Argentina: una nación colonizadora nunca se ciñe a los límites diplomáticos; tan romana era Mérida como Capua, tan griega Siracusa como Corinto, y del mismo modo se ha podido desdoblar España en la Argentina.
Martín Fierro, por tanto, siendo muy argentino y americano, no deja de ser muy español. Es un libro católico, hidalgo, valiente, generoso, con un poco de tristeza estoica, y otro poco de socarronería, bañado en gracia popular; y sobre todo, para ser del todo español, alienta en sus versos algo como una sorda incompatibilidad con eso que se entiende por civilización europea, moderna, industrialista, inexorablemente trepadora.
Si en el libro de José Hernández se trasluce la influencia de alguna clase de lectura, pronto atisbamos el recuerdo del Quijote. Las aventuras de Martín Fierro constan, en efecto, de dos partes, trozos o volúmenes; al final de la primera parte exclama el héroe, parodiando la frase de la espetera cervantesca:
...Ruempo la guitarra
pa no volverme a tentar;
ninguno la ha de tocar,
por siguro tenganló,
pues naides ha de cantar
cuando este gaucho cantó.
Y volviendo de su aventurero vagabundaje, al ingresar de nuevo entre los suyos, dice, como pudo decir otrora Don Quijote: