Por lo que respecta a las causas particulares de la decadencia del reino, es una de ellas la poca instrucción del estado eclesiástico. Si las vacantes de las prebendas se diesen por oposición, los sacerdotes se dedicarían a los estudios y frecuentarían los actos literarios. Acerca del estado secular, el premio mayor a que puede aspirar un indio es ser nombrado individuo de un Corregimiento por dos años, y aun para ello necesita dar fianza crecida. Por esta razón sucede con frecuencia que nadie quiere tales cargos. Una de las causas que señala Manso Maldonado como de las más universales, consiste en la excesiva piedad de los fieles que con sus limosnas han enriquecido a los monasterios, con las obras pías que fundan en sus iglesias y con las capellanías que dotan para que las sirvan los religiosos. «Apenas—escribe—se contará casa o hacienda que no sea tributaria de eclesiástico, pues la que no lo es a algún convento lo es a un clérigo secular, por tener allí fundada su capellanía»[519]. Con otras observaciones de menor interés termina su informe Manso Maldonado.

Felipe V, mediante Real Cédula dada el 20 de agosto de 1739, estableció definitivamente el virreinato con el nombre de Nuevo Reino de Granada. Hacía constar que en el 29 de abril del año 1717 se creó el virreinato de Santa Fe de Bogotá del Nuevo Reino de Granada, suprimiéndolo el 1723 y dejando las cosas en el estado que antes estaban. Añadía que lo volvía a crear, nombrando virrey a D. Sebastián de Eslaba[520]. Comprendía el virreinato las provincias siguientes enumeradas en la Real Cédula: la de Portobello, Veragua y el Darién, las del Choco, reino de Quito, Popayán, Cumaná, y la de Guayaquil, provincias de Cartagena, Santa Marta, Río de la Hacha, Maracaibo, Caracas, Antioquía, Guayana y Río Orinoco, y las islas de la Trinidad y Margarita, con todas las ciudades, villas y lugares, puertos, bahías, surgideros, caletas y demás pertenecientes a ellas, en uno y otro mar y Tierra Firme. Formaban, pues, el virreinato el Nuevo Reino de Granada y la Presidencia de Quito, quedando independiente la Capitanía general de Venezuela o Costa Firme. Los presidentes de la Audiencia de Quito gozaban de independencia como tales presidentes, hallándose en lo demás sujetos a la autoridad de los virreyes[521].

Tan apurado de dinero se hallaba Felipe V a causa de la guerra de sucesión, que, desde Madrid (19 octubre 1706), se dirigió a don Francisco Dávila Bravo de Laguna, gobernador y capitán general de la provincia de Tierra Firme, llamada también Castilla del Oro, para que le remitiesen a España todos los caudales que tuviese en aquellos países[522]. De la provincia de Tierra Firme, a la sazón formando parte del virreinato de Nueva Granada, recordaremos los siguientes hechos. Felipe IV, desde Madrid, con fecha 22 de septiembre de 1657, decía a D. Fernando de la Riva Agüero, gobernador y capitán general de la provincia de Tierra Firme, que D. Pedro Carrillo de Guzmán, su antecesor en el gobierno, le había dado cuenta—según cartas del 13 y 21 de julio de 1656—de que a 9 de marzo del mismo año, los enemigos (ingleses y holandeses) se atrevieron a invadir el Puerto de la Boca del río de Chagre, añadiendo luego que Gaspar de los Reyes, capitán de la compañía de los negros de la ciudad de Portobelo, consiguió hacer a los enemigos 7 prisioneros, arrojándoles también a ellos a la mar[523]. Posteriormente, Carlos II, desde Aranjuez (17 mayo 1678), hubo de decir al gobernador y capitán general de la provincia de Tierra Firme, lo que a continuación copiamos: «Por ser necesario para el mayor adorno de mi Palacio y Casas Reales que haya en ellos Pájaros que llaman Cardenales, Zinzontes, Gorriones, Mariposas, Chambergos, Turpianes y otros qualesquiera Pájaros de canto de esas Provincias: He parecido encargaros los hagáis buscar y remitir a estos Reinos con todo cuidado, etc.»[524].

Citaremos los hechos principales de los virreyes de Nueva Granada. Su primer virrey, el general Don Sebastián de Eslava, nombrado el 20 de agosto de 1739, llegó a Cartagena de Indias a mediados de abril de 1740. En su nombre ya había tomado posesión el presidente don Francisco González Manrique. Entre otros ataques de los ingleses a nuestras plazas—que fueron muchos y frecuentes—recordaremos que el vicealmirante Vernon, después de ser rechazado en el puerto de Guaira, se dirigió a Portovelo, en cuya ciudad estaba el 2 de diciembre de 1740, se apoderó de los castillos de la plaza (Todofierro, San Jerónimo y La Gloria). No encontrando en Portovelo las riquezas que esperaba, habiéndose hecho dueño de algunos cañones y clavado los demás, se dirigió a Jamaica, ya pensando donde había de dirigir sus miras[525]. Apenas hubo llegado a Jamaica, recibió el refuerzo de otra flota que mandaba el vicealmirante Chaloner-Ogle.

A la cabeza de ambas escuadras se presentó por tercera vez Vernon delante de Cartagena de Indias el 15 de marzo de 1741[526]. Las fuerzas que a la sazón se hallaban en Cartagena consistían en los batallones de España, Aragón, compañías de marina y una compañía de artillería del pie fijo de la plaza, que componían 1.100 hombres; además 600 milicianos y 600 indios del monte; por último, los navíos que bajo el mando de Don Blas de Lezo estaban defendiendo el acceso a la bahía, cuya guarnición consistía en 400 hombres y 600 marineros. La escuadra inglesa no bajaba de 170 naves con 9.000 hombres de desembarco. El 20 de marzo comenzaron el fuego los ingleses contra los fuertes Santiago y San Felipe y el castillo de Bocachica. Logró Vernon desembarcar gran parte de su gente con una batería de 16 cañones, la cual se dispuso a atacar la citada fortaleza. Los fuegos combinados de la batería y de los navíos causaron sensibles bajas a los defensores del castillo mandados por Desnaux. El marino Lezo y el virrey Eslava ayudaron en su empresa a Desnaux, quien con algunos de los suyos, después de pelear valerosamente, hubo de retirarse al sitio donde estaba el virrey, siendo todos transportados en lanchas y canoas a la capital[527].

Quiso Lezo echar a pique sus cuatro navíos antes que cayesen en poder del enemigo; pero no tuvo tiempo para ello, dada la rápida acometida de Vernon. Los ingleses desde el 8 de abril pudieron introducir en la bahía bombardas y fragatas, comenzando el 13 a hacer fuego sobre la plaza y aproximándose a ella poco a poco. El 15 verificaron el desembarco por diferentes sitios, y encaminándose hacia la plaza protegidos por el fuego de los barcos, se hicieron dueños del cerro de la Popa. Aunque el 20 de abril, entre dos y tres de la mañana, los ingleses intentaron un asalto general, la resistencia heroica de los españoles no pudo ser mayor. Los enemigos se retiraron a sus embarcaciones en la noche del 27, marchando Vernon con los suyos a Jamaica, no sin grandes pérdidas. Poco después España hubo de llorar la pérdida de uno de los héroes de la jornada: Lezo, a causa de las heridas recibidas durante el sitio, falleció en Cartagena de Indias el 7 de septiembre de 1741.

Comprendiendo Eslava el peligro en que se hallaban nuestras colonias, procuró, con actividad extraordinaria, que se fortificasen las plazas más expuestas a los ataques de los corsarios o no corsarios de Inglaterra. También mostró ferviente celo religioso, edificando iglesias y desterrando la idolatría del país, fomentó las misiones y construyó hospitales. Consiguió aumentar la hacienda pública y disminuir los impuestos. Protegió mucho la agricultura y arregló puentes y caminos. Protegió el comercio lícito y persiguió el ilícito. Por lo que toca al tratamiento, doctrina y reducción de indios, no omitió la menor diligencia. Observador celoso de las ideas y prácticas religiosas, no por eso consintió que se vulnerasen las regalías del Real Patronato. En cuanto a la Administración de justicia habremos de decir que pocos virreyes la atendieron como él. Por Reales Cédulas de 30 de marzo y 22 de abril (1749), el Rey hubo de ceder a las instancias de Eslava, relevándole de sus empleos, nombrando sucesor en ellos y confiriéndole la capitanía general de Andalucía.

José Alonso Pizarro (1749) hizo algunas obras públicas y estancó las bebidas alcohólicas.

José de Solís Folch de Cardona (1753) fundó la Casa de la Moneda, mejoró la administración pública y abrió caminos[528]. Desempeñó el virreinato con la exactitud, desinterés, vigilancia y celo que correspondían, como declara la sentencia absolutoria, dada por los señores del Consejo de Indias, a 29 de agosto de 1764, de los cargos y condenaciones que se le habían hecho por el comisionado. Luego repartió sus bienes a los pobres y se retiró al convento de San Francisco de Santa Fe de Bogotá, donde fué recibido de fraile lego en 28 de febrero de 1761, profesando en 29 de marzo de 1762. Posteriormente fué guardián, falleciendo el 17 de abril de 1770, con general sentimiento de cuantos le conocían[529].

Pedro Messía de la Cerda, marqués de la Vega de Armijo (1761), en los casi doce años que estuvo al frente del virreinato realizó hechos de no escasa importancia, lo mismo por lo que respecta a asuntos religiosos y estado eclesiástico que a los de Hacienda, Administración de justicia y Guerra. Expulsó a los jesuítas obedeciendo órdenes del gobierno español. Habiéndose determinado erigir en la capital Universidad pública y estudios generales, se opusieron a ello los frailes del convento de Santo Domingo, quienes tenían facultad de dar grados. Les apoyaba «el Reverendo Arzobispo, que como del mismo orden antepone su beneficio particular al común y universal del Reino»[530].