Mientras que La Rosa se marchaba á España, Viana, gobernador interino, procuraba adquirir recursos, ayudándole en su empresa el cabildo. Con fecha 16 de febrero de 1771 hizo el gobernador presente al cabildo la necesidad de socorrer al Rey con algunos recursos, dándose el caso de que, por indicación de Viana, nombrase la autoridad popular a D. José Mas y D. Bruno Muñoz para que fueran «de casa en casa y de tienda en tienda a recoger los donativos voluntarios.» También Viana y el cabildo estuvieron conformes en la necesidad de castigar los homicidios y robos, cada día más numerosos en la campiña. Otras reformas se llevaron a cabo por ambas autoridades con el beneplácito de Vertiz, gobernador de Buenos Aires. También por entonces familias indígenas echaron los cimientos de la actual ciudad de Pay-Sandú.

Por enfermedad de Viana se encargó del gobierno (10 febrero 1773) el teniente coronel D. Joaquín del Pino, ingeniero jefe de estas provincias. Inauguró del Pino su gobierno (1773) dando pruebas de energía, lo mismo en los asuntos interiores que en sus relaciones exteriores. Con la ayuda de Vertiz, gobernador de Buenos Aires, logró purgar de malhechores y de toda clase de enemigos al país. Vertiz y Pino, contando con el apoyo del gobierno de Madrid, pensaron fortificar a Montevideo y Maldonado. Ciertas disposiciones dadas por Pino fueron recibidas perfectamente por la opinión pública. Bien merecía que, por Real Cédula dada en El Pardo a 7 de mayo de 1776, se le nombrase gobernador propietario. Hacía poco más de un mes que los portugueses, valiéndose de engaños y malas artes, consiguieron conquistar por segunda vez Río Grande. Bajo el gobierno de Pino, Uruguay comenzó a tener vida más exuberante. Maldonado aumentó su vecindario en poco tiempo y fué declarada ciudad (1786). Se ampliaron los límites jurisdiccionales del gobierno de Montevideo, hasta entonces inseguros e inciertos. Por entonces llegó (1789) al puerto de Montevideo la expedición que mandaba el brigadier don Alejandro Malespina, acompañado de varios sabios, en las corbetas Descubierta y Atrevida. Tiempo adelante, Pino marchó a Buenos Aires, donde debía encargarse del virreinato.

El coronel D. Miguel de Tejada se encargó interinamente del gobierno de Montevideo, no ocurriendo nada que sea digno de contar.

El 2 de agosto de 1790 tomó posesión del gobierno el brigadier don Antonio Olaguer Felíu. Permitió el comercio de esclavos; dió más vida a Montevideo y a Soriano, pueblo éste el más antiguo del Uruguay; se fundó la ciudad de Mercedes, cuna de la independencia nacional, y adquirió importancia y esplendor Maldonado, cuyo puerto visitaron las primeras embarcaciones de la Compañía Marítima en 1790. Por asunto baladí se disgustó con el cabildo, pues con razón al gobernador se le conocía con el dictado de el Ceremonioso, si bien preciso es confesar que la desmoralización cundía en la corporación popular. Gobernador y cabildo no se entendían y la lucha entre ellos era cada vez más enconada. Ante el virrey de Buenos Aires D. Pedro Melo de Portugal, hombre prudente y amigo de la justicia, acudieron gobernador y cabildo. Melo, en oficio de 20 de abril de 1795, reprobó la conducta de Olaguer, aprobando por completo la conducta del cabildo.

El brigadier D. José de Bustamante y Guerra se encargó del gobierno de Montevideo el 11 de febrero de 1797. Como jefe de la marina—pues era brigadier de la Real Armada—conocía las ventajas que podían sacarse del puerto de Montevideo. Entre el cabildo de Montevideo y el consulado de Buenos Aires, se originó lucha tenaz acerca de asuntos comerciales. El consulado era contrario a la autorización Real de 1795, en la cual se ampliaban las facultades de comerciar a los pueblos del Río de la Plata, autorizándoles a exportar frutos y toda clase de producciones del país a las colonias extranjeras. El cabildo tomó la determinación de remitir al Rey una solicitud rebatiendo las ideas del citado consulado. Subleváronse por entonces los charrúas del Norte. Vivían la vida primitiva y se ignora la causa de su rebelión, que se verificó penetrando en poblaciones y vaquerías, cometiendo toda clase de atrocidades. Quisieron oponerse los guarinís; mas fueron derrotados con grandes pérdidas. Vióse obligado el teniente coronel D. Francisco Rodrigo, comandante de Japeyú, a salir a campaña, pudiendo, después de larga persecución, derrotarles completamente. Aprovecháronse los portugueses de los disturbios interiores para infringir el tratado de límites, asunto que preocupó por algún tiempo a las autoridades del Uruguay y al gobierno de Madrid. Mayor contrariedad vino en el último año del siglo xviii a perturbar el bienestar público. Es el caso que, una gran sequía paralizó la vida de la agricultura. Se perdieron completamente las cosechas, y á esto siguió mortal enfermedad de los ganados. El hambre se sintió en muchas poblaciones, y con ella vino la peste. Por el cabildo de Montevideo y por el pueblo todo se invocó el auxilio divino para que la lluvia fertilizase los campos y despejara de miasmas la atmósfera. Dios oyó a los que le pedían de corazón su amparo y copiosas lluvias pusieron fin a tantas calamidades. Comenzó el siglo xix y con él trascendentales sucesos. Ya sabemos que sobre la margen septentrional del Plata se levantaba Montevideo, al Este se hallaba con título de ciudad el caserío de Maldonado, y al Oeste varias ruinas daban idea exacta de la existencia de Colonia. Hacia el Norte, desde el Daymán hasta las misiones, sólo se hallaba el fuerte denominado el Salto. Eran aldeas ribereñas Paysandú, Mercedes y Soriano; y en el interior se encontraban Guadalupe, Santa Lucía, San José y Minas. En el resto del país se levantaban por algunos sitios fortines militares o santuarios. Calculábase la población fija en unos 40.000 habitantes, de los que 15.000 pertenecían a Montevideo. La cultura era escasa y casi nula, exceptuando la futura capital del Uruguay, donde las artes, en particular la música, tenía no pocos cultivadores en el bello sexo. El trato con las familias de los altos empleados que venían de España, introdujo cierto gusto en el vestir y cierto arreglo en las casas. Algunos padres ricos mandaban a sus hijos a los colegios superiores del virreinato y también a los centros de cultura de las ciudades españolas. Comprendiendo el gobierno de Madrid que Montevideo era la llave de la navegación del Plata, dispuso la creación de un faro, el primero que se estableció en el sitio denominado el Cerro. El gobernador Bustamante, aunque a veces no guardaba las consideraciones debidas al cabildo, procuraba el progreso de la ciudad, así que con el apoyo de la citada corporación hizo continuar la fábrica de la iglesia matriz, reedificó la casa del dicho cabildo, construyó puentes y alcantarillas y arregló los caminos públicos. Se dotó a la ciudad de buenas aguas, se hizo un lavadero público y se realizaron otras reformas de interés general. Bustamante presintió brillante porvenir, si desaparecía la indiferencia y el abandono, «del mayor y cuasi único puerto del Río de la Plata.» No sólo en la ciudad de Montevideo se notaba cierta prosperidad, sino en todo el país, pues entonces (1800) se echaron los cimientos de la villa de Rocha, futura capital del departamento de su nombre. En Mercedes y en Soriano se desvivían las autoridades para realizar mejoras. En tanto que del Pino, virrey de Buenos Aires, andaba en tratos o en guerra con los charrúas, con las misiones o con los portugueses, algunos vecinos de Montevideo, aconsejados por Bustamante, habían construído en 1802 el primer muelle. Aumentó el comercio de una manera considerable. Cuando la prosperidad parecía reinar en el Uruguay y muy especialmente en Montevideo, la población de color de la citada ciudad se propuso provocar un levantamiento (1803), que comenzó, ya huyendo bastantes esclavos de la ciudad y ya también asesinando algunos a sus amos. El cabildo decretó medidas enérgicas y castigó con rigor a los esclavos fugitivos que pudo coger prisioneros. Terminaremos el gobierno de Bustamante, recordando que en su tiempo andaba tan atrasada la medicina en el país, que los curanderos gozaban de general prestigio, lo mismo en los campos que en las ciudades. El Protomedicato de Buenos Aires tomó mano en el asunto, disponiendo que los curanderos sólo pudieran ejercer su industria en la campiña y eso bajo ciertas condiciones.

Sucedió a Bustamante en el gobierno de Montevideo D. Pascual Ruiz Huidobro, brigadier de la Real Armada, nombrado el 14 de julio de 1803; tomó posesión en los primeros días de 1804. Continuó la obra de su antecesor, construyendo edificios públicos, limpiando las calles de la ciudad y arreglando los caminos públicos. Comenzaron las obras de la nueva Casa Capitular y se consagró la iglesia matriz que acababa de edificarse, se hizo un lazareto y se levantó una alhóndiga. La desgracia de Bustamante en su lucha con la flota inglesa y la participación que el gobernador Ruiz Huidobro tuvo en la reconquista de la ciudad de Buenos Aires en el año 1806, son hechos que ya se trataron en el [capítulo XXVII] de este tomo.


CAPITULO XXIX

El Brasil durante el reinado de Juan III.—Los Corsarios.—Las capitanías.—El general Thomé de Souza.—Los franceses en el Brasil.—El gobernador Duarte de Costa.—Men de Sá en guerra con los franceses y con los indígenas.—División del Brasil en dos gobiernos.—El gobernador general Telles Barreto.—El gobernador Souza y los corsarios.—Otros gobernadores.—Lucha entre portugueses y franceses.—Los jesuítas.—Los holandeses.—Compañía de las Indias Orientales.—Guerras.—Portugal se separa de España.—Política de los jesuítas.—Los holandeses arrojados del Brasil.—La República de Palmares.—El Brasil bajo el dominio de Portugal.