¿Hay más fuentes de donde pueda derivarse el castellano? El vascuence. ¡Ya pareció el fantasma! El vascuence, ó mejor dicho el eúskera, es el fantasma, el coco de los etimologistas. «Más difícil es todavía, dice Meyer Lübke[7], determinar lo que el vocabulario español debe á los antiguos iberos, á causa de que el vascuence actual, lo mismo que el antiguo ibero, nos son todavía mucho menos conocidos que el celta». Pues señor, les diría una vieja vascongada que yo conozco, pues apréndalo usted. Mejor sería, digo yo por mi parte, que aprendiera primero el castellano el que pretende enseñarlo. Las obras francesas que tratan de nuestra lengua, no sé por qué ó por qué no, estropean nuestros vocablos con la mayor desfachatez del mundo. ¿Pueden achacarse á erratas de imprenta los innumerables deslices que se notan en tan sabia Gramática? Es imposible que lo sean: no los hay, cuando se trata de otras lenguas. El castellano es la cenicienta de la Lingüística. Pero, en fin, si no conocen el vascuence es porque no se toman la molestia de aprenderlo. Y á fe que merecía bien la pena. El castellano y el francés han vivido largos siglos junto al vascuence: ¿hay quien crea que no se les ha pegado nada? Sería un caso excepcional en la vida de las lenguas: no hay una que no deba algo á sus vecinas.
¡Ah!, ¡pero el vascuence! ¡He ahí el fantasma!
No sé si llegarán á una docena los términos castellanos que la Academia deriva del eúskera; Unamuno y Múgica dicen que sólo derivan cuatro, y aún se los regatea el segundo de estos autores. El cual añade: «Y vamos ahora á dar un mal rato á los vascófilos españoles, que se empeñan en hacer derivar el castellano del vascuence de esta manera: augurio de agur, báculo de maquila, chapeo de chapela, chiquito de chiquera, chorizo de charri, mutilar de mutil, relincho de irrintzi, vía de videa, etc.» Y en una nota de la Gramática del antiguo castellano pone estas palabras de Unamuno: «El vascuence es inferior al castellano en todos conceptos; es más pobre, más obscuro, más embarazoso».
Para desagraviar á la Lingüística básteme apuntar que el Sr. Múgica no conoce el eúskera, que si lo conociera, no se riyera de que á mutilar lo deriven de mutil, de donde deriva manifiestamente, ni diría lo de chiquito de chiquera. La Academia trae un cicus latino como etimología de chico, que tal vez agrade más al Sr. Múgica[8]. Chiquito y chico no sé qué vascófilo ande trayéndolos de ninguna parte, puesto que si sabe vascuence, sabe que ni chiquera es término vascongado, ni chiquito necesita tomar la boína por el sombrero para serlo. Si en esa etimología alude, según creo, á Larramendi, el Sr. Múgica, cegado por la inquina anti-vascófila, no supo leer á Larramendi: «Chico, -ca, es voz vascongada, chiquia, chiquerra, tipia, mendrea. Lat. parvus, exiguus». Tal es el texto, en el cual no se lee chiquera, ni se trae á chico de chiquerra, como no se trae de mendrea, ni de parvus.
El vascófilo que derive augurio de agur ó chapeo de chapela no merecía ser citado para nada. ¿Son parecidas todas las etimologías que aducen los vascófilos? Hinque, pues, el diente el Sr. Múgica en las que yo haya de traer, que no serán cuatro, sino cuatrocientas y bastantes más. La etimología castellana está envuelta en nieblas impenetrables. No hay lengua en Europa que tenga tales misterios á estas fechas. ¡El fantasma, señores, el fantasma! No parece sino que los más avisados lingüistas, arredrados ante tamaña esfinge, se quedan á competente distancia.
No sé á qué otro motivo atribuir el que el insigne Díez, tratando de la etimología de los romances, pase de largo y se deje en el tintero casi la mitad de las raíces castellanas, sin mentarlas siquiera, como parece lo pedía la empresa acabada con tan feliz suceso, por lo menos para confesar que eran inexplicables. Cuando trae etimologías vascongadas se ciñe á copiar á Larramendi: y así salen ellas.
Pero esta cuestión del iberismo y del influjo del eúskera en el castellano tiene más hondas raíces y he de tratarla despacio, porque la creo de gran momento para el conocimiento de nuestra lengua y de nuestra etimología.
NOTAS:
[2] Tomo I, pág. III.
[3] Tomo I, pág. V.