El gaitero de Arganda, que le dan uno por que comience y diez por que lo deje.—Tan bien lo hace. Ó El gaitero de Bujalance, un maravedí por que tanga y diez por que acabe.
El barato de Juan del Carpio.—Aporreó á su mujer, pidiéndole barato, y al revés: El barato de Cordovilla.—Que alumbró toda la noche á los jugadores por el barato, y ellos le dieron con el candelero en la cabeza.
El bobo de Coria, que empreñó á su madre y hermanas, y preguntaba si era pecado.
El buen escribano, primero el borrón que la pluma en la mano.
Años no me lleves, que meses los que quisieres.—Es pedir que no le den de comer, pero que le hinchan el pancho.
Ea, caballeros, que entre señores no ha de haber pesadumbres; y eran tejedores.
¿Heredástelo ó ganástelo?—Que lo heredado se gasta con menos duelo que lo ganado por sí mismo.
El aliño de Pedro Fernández, que vino el jueves y fuése el martes.—Fuése dos días antes de venir.
El alfayate de la encrucijada, que ponía el hilo de su casa; ó El sastre del campillo, que cosía de balde y ponía el hilo; ó del cantillo, como dicen otros; ó El alfayate del castillo, que hacía la costura de balde y ponía el hilo.—Este refrán, del cual conozco hasta diez variantes, dícese del que pide gollerías.
El sastre de Ciguñuela, que pone la costa y hace de balde la obra. El sastre de Peralvillo, que hacía la costura de balde y ponía el hilo. El sastre de Piedras Albas, que ponía el hilo de su casa. El sastre del cantillo, que cosía de balde y ponía el hilo.