Á la buena, júntate con ella, y á la mala, ponla la almohada.—No por darle gusto, sino porque haga sus visitas de puro cumplido y se parta cuanto antes.
Á la vieja que no puede andar, meterla en el arenal.—Desayudarla; en vez de sacarla del atolladero, meterla en otro peor.
Á la mosca, que es verano.—Dícenlo por los que se van libres de amo.
Á la muerte no hay remedio cuando venga sino tender la pierna.—Dejarse morir, que es remedio eficaz para salir del paso.
Á la mula con halago, y al caballo con el palo.—Al revés te lo digo, para que me entiendas.
Á la mujer barbuda, de lejos me la saluda, con dos piedras, que no con una.
Á la mujer ventanera, tuércela el cuello si la quieres buena.—Buen remedio acabar con ella; pero no hay otro, porque es resabio sin remedio.
Á las veces más vale el vino que las heces.—Esperábase oir todo lo contrario; como lo barato es caro.
Á los de la facultad no llevamos dinero.—Así un albéitar á un médico que le pagaba la cura de su mula.
Á nadar anadinos, patos y patinos; entrad vos, patón, nadaréis mejor.—En vez de lo haréis peor.