No hay cosa mejor dicha que la que está por decir.—Paradoja, aconsejando el secreto y la discreción.

Á segar son idos tres con una hoz.—Suéltase el problema irónico: mientras uno siega holgaban los dos.

¡Ah, señor, por quien tú eres, no se acaben las mujeres!—En vez de decir: ojalá cargue con todas el diablo.

Á su tiempo viene lo que Dios envía y quiere; y Á su tiempo se cogen las uvas, cuando están maduras.—Esperábase más honda razón. Y es la explicación de Don Quijote á Sancho del por qué le dolían todas las espaldas, declarándoselo profundamente, que como el palo con que le molieron era largo y tendido, le dolía cuanto el palo le cogió, y «si más te cogiera más te doliera».

Á jueces galicianos, con los pies en las manos.—Á magistrados codiciosos ó gallegos, llevarles aves asidas por los pies con las manos.

Á Dios y á ventura dígola abutarda.—Siendo la guía, debiera saber el camino, y llama gobernador al desgobernador y que no sabe de trazas ni lo que se pesca.

Á Dios y veámonos, y eran dos ciegos.—Como veamos, dijo el ciego, y nunca veía.

Á Dios, Benavente, que se parte el Conde; y salía un cocinero.—De la población llamada Benavente; como Á Dios, Madrid, que te quedas sin gente.

Á Dios, que pinta la uva.—los mozos que se despiden del amo, cuando más los había menester.

Á Dios, paredes, que me voy á ser santo; é iba á ser ventero.—Tan de buena conciencia como el que armó caballero á Don Quijote.