Á buscarla ando, la mala de la rueca, y no la hallo.—Dicen que lo dice la perezosa, que carga á la rueca la culpa de su dejadez.

Á quien da y toma, nácele una corcova.—Los muchachos á los cicateros, mudando irónicamente el otro: Á quien da y toma, nácele una corona, que el dar le fué granjeo, porque el que siembra coge.

Á quien da no escoge; y dábanle de palos.

Ha comido cazuela.—Dícenle á uno que se pasea por no tener blanca.

Allá va la lengua, do duele la muela.—El que mejor lo aplicaba fué el que lo decía á las vecinas del barrio, cuando hablaban mal de otras, pues acaece las más veces que lo que más critican es lo que más falta les hace, y esto aunque no sean vecinas del barrio. Y confírmalo el otro refrán: Allí perdió la dueña el honor, donde habló mal y oyó peor.—Porque Allí tiene la gallina los ojos, donde tiene los huevos y pollos.

Año de siete, ¡quién lo oyese y no lo viese!—Común y antigua creencia es que en las enfermedades el seteno día, y en la vida el año siete y todos sus múltiplos, son peligrosos. Aun en las frutas, cada año de siete no lo tienen por bueno los labradores, porque dicen que parece que descansa en él la tierra. Los hebreos no sembraban el año séptimo; pero era por el septenario de la creación con su descanso final, como en la semana, que terminaba en sábado ó descanso. El que quiera enterarse de las virtudes y daños del número siete lea lo que de Varron trae Aulo Gelio, en el capítulo 10 del libro 3.º de sus Noches áticas, donde, entre otras mil, trae esta misma supersticiosa creencia. «En los septenarios se verifican los que llaman climacteres los Caldeos, las crisis peligrosas de la vida del hombre y de su fortuna». Estos mismos datos y otros muchos de diversos autores recuerdo haber leído en el primero de los Diálogos que escribió en riquísimo castellano el P. Fray Juan de Pineda sobre la Agricultura cristiana, libro raro, de lo mejor que se ha escrito en castellano, fuera de su desmesurada extensión, pues consta de dos tomos en folio; hállase en la Biblioteca Nacional.

El imperfecto y el futuro de subjuntivo en el «Quijote»

Bajo esta denominación siguen estudiándose en nuestras gramáticas las tres formas verbales, ra, ría y se, amara, amaría y amase, para eterno baldón de nuestros arrestos científicos en achaque de lingüística. Ni amara ni amaría son imperfectos, ni amaría es subjuntivo, ni estos tres tiempos significan lo mismo, para que sigan unidos en feroz maridaje bajo una misma denominación. En ello convienen Bello y Benot, y todos los extranjeros. Dejemos por ahora la forma amaría, que es de indicativo, y estudiemos un poco las otras dos, y con ellas sus compuestos correspondientes hubiese amado y hubiera amado.

Las formas amase, hubiese amado, siempre son subordinadas de pasado, esté expreso ó tácito el verbo subordinante; y esto, en todos los monumentos antiguos, antes del clasicismo y en el clasicismo, y hoy día; es decir, que es un imperfecto del subjuntivo ó, mejor dicho, del conjuntivo.