Vamos á poner ahora de manifiesto la necedad de esa estrecha regla, para hacer ver que no sólo el uso, sino también la lógica del castellano va contra ella. Porque cada lengua tiene su lógica, que es la del pensamiento del pueblo que la habla; si no, la Gramática de todas las lenguas sería idéntica. Hay una lógica universal del pensamiento humano; pero dentro de ella existen tantas lógicas particulares como lenguas, y dentro de cada lengua tantas como individuos. Mi lógica no es la de Clemencin, Salvá y Bello, por lo menos en el punto de que tratamos y en otros varios. No se trata aquí de examinar cuál es la mejor; veamos la lógica castellana respecto de la concordancia, que es lo que hace al caso.
En castellano, el verbo de la proposición principal, que tiene por sujetos subordinados dos ó más proposiciones, va necesariamente en singular: aora me falta rasgar las vestiduras, esparzir las armas y darme de calabaçadas por estas peñas, con otras cosas deste jaez, que te han de admirar (I, 25, 111). Aquí hallamos la misma ley que acabamos de ver en los ejemplos de Cervantes, donde los gramáticos sólo hallan un descuido intolerable. Sujetos de falta son esos tres infinitivos, como lo son partida y locura del verbo va en este otro ejemplo: Y en verdad señor cauallero de la triste Figura, que si es que mi partida, y su locura de v. m., va de veras, que sera bien tornar a ensillar a Rozinante, para que supla la falta del ruzio (I, 25, 110). Puédese decir «faltan la escopeta y los perdigones», ó «falta la escopeta y los perdigones», por lo menos tal es la concordancia cervantina. Qué extraño se diga: «falta rasgar... esparcir... y dar». Y á la verdad, tan nombre es el infinitivo como otro cualquiera, sobre todo como el abstracto locura y el de acción partida, que equivale á partir.
Pero aun fuera de los infinitivos, la ley es general: lo más acertado será..., que cortes algunas retamas..., y las vayas poniendo de trecho en trecho (I, 25, 115). Ten memoria: y no se te passe della, como te recibe, si muda los colores el tiempo, que la estuuieres dando mi embaxada, si se desasossiega, y turba, oyendo mi nombre, si no cabe en la almohada... (II, 10, 32). El verbo singular con varias subordinadas que hacen de sujeto.
Sólo va el verbo en plural cuando los sujetos, por indicarse reciprocidad, deben separarse en la mente como distintos, ó cuando hay sustantivo predicativo plural: «Holgazanear y aprender son incompatibles», «Sentir y moverse son cualidades características del animal».
Otro caso. El verbo puede ir en singular ó en plural, cuando varios sujetos, ya le precedan, ya le sigan, van unidos con la conjunción ni; pero si con el primero va no, y con los demás ni, el verbo sigue al no, concertando con el primer sujeto, y subentendiéndose, al modo antes dicho, con los demás. Y era tanta la ceguedad del pobre hidalgo que el tacto, ni el aliento, ni otras cosas... no le desengañauan (I, 16, 58). Hombre, ni gigante, ni cauallero de quantos v. m. dice, parece por todo esto, á lo menos yo no los veo (I, 18, 68). No te ygualo en ligereça el Hipogrifo de Astolfo, ni el nombrado Frontino (I, 25, 110).
El verbo puede ir en singular ó en plural cuando varios sujetos, ya le precedan, ya le sigan, van unidos con la conjunción ó: qual auia sido mejor cauallero, Palmerin de Ingalaterra ó Amadis de Gaula (I, 1, 2). Alguna fuente, o arroyo, que estas yeruas humedece (I, 20, 75). El tiempo ô la muerte ha de acabar el enojo de sus padres (I, 21, 88).
Está visto que en todos estos casos puede ir el verbo en singular, subentendiéndose con los demás sujetos. Tal es la razón de permitirse el singular en Cervantes, aun cuando los varios sujetos estén unidos con y ó no lleven conjunción alguna. Y esa razón general no es otra más que el concordar el verbo con un solo sujeto, el más próximo, supliéndose con los demás.
Preguntábamos al principio: ¿cuál es el sujeto en esos casos? Sólo el próximo al verbo; los demás lo son de los verbos que se omiten.