Y es que la elipsis juega un gran papel en el habla, y más en castellano. La ley de la economía rige en el habla lo mismo que en los demás fenómenos del universo.

Cualquier parte de la oración se omite una vez empleada con el primer sustantivo, ya precedan, ya sigan, los demás, á no ser que se pretenda hacer resaltar, que entonces se repite cuanto se quiera. Mudar esse seruicio y montazgo (I, 22, 94); en vez de: esos servicio y montazgo; ó de: ese servicio y ese montazgo. El llagado y falto de sueño (I, 26, 119); en vez de: el llagado y el falto de sueño, que precisamente indicaría ser dos distintos. Falto de todo buen sentido, y conocimiento (I, 27,123); en vez de: falto de todos buen sentido y conocimiento, ó de todo buen sentido y de todo conocimiento. Començô su lastimada historia, casi por las mismas palabras, y passos que (I, 27, 124); en vez de: con las mismas palabras y los mismos pasos, ó con los mismos palabras y pasos. No porque no tuuiese bien conocida la calidad, bondad, virtud y hermosura de Luscinda (I, 27, 124); en vez de: conocidas, ó conocida la calidad, conocida la bondad, etc. Daua el harriero a Sancho, Sancho a la moça, la moça a el, el ventero a la moça (I, 16, 59); en vez de: daban el arriero á Sancho, Sancho á..., ó daba el arriero á Sancho, daba Sancho á, etc.

Pueden, sin embargo, ir en plural los mismos, los dichos, los referidos, etc., ante varios nombres propios ó apelativos de persona. «Los mismos Antonio Pérez y hermanos», «Las referidas madre é hija», «Los magnánimos Isabel y Fernando». Pero es porque en la mente se toman como un todo compuesto de varios, y por consiguiente, como un todo plural.


La tendencia entre literatos hoy día es á emplear en plural el verbo ó el adjetivo que se refiere á varios sujetos. Esta tendencia existía también en tiempo de Cervantes, ó mejor dicho, entonces había libertad en el empleo del singular ó del plural. La tendencia moderna se debe á los gramáticos que han enseñado esa regla del plural. Esa no es razón para tener lo contrario en Cervantes por descuido. Esos gramáticos han atado la construcción castellana. ¡Gran servicio, por cierto! Y esa atadura la tienen por más lógica, digo mal, por únicamente lógica. Lo será, como he dicho, en la lógica de tales gramáticos, no en la lógica castellana, que de suyo es libérrima, y nos la están trabando en muchas cosas que es una compasión. Pero campee la verdad, ante todo. Cervantes no puede ser tachado de descuidado por esa libertad, como ni por otras parecidas. Ni esa regla debe constar en las gramáticas como regla del castellano, sino como tendencia moderna, y como tendencia debida al artificio literario y nacida en la hueca mollera de dómines sandios y cortos de vista.

Eso de llamar descuidos á lo que no se ajusta con nuestras reglas, aun en el caso de que éstas fueran reflejo de la realidad de los hechos, indica, por lo menos, aviesa manera de concebir el lenguaje.

El lenguaje vive en continua evolución, y lo que hoy nos parece mal ó descuido, estaba bien en otra época. César fué un descuidado, un tío Calzorras, pues nunca usó medias á pesar de que Suetonio le tilde de extremadamente esmerado en su manera de vestir. Eso se dice, cuando se tacha de descuidado á Cervantes en cosas que eran del habla de su tiempo y que no lo son del habla actual. Porque, cuando se trata de puntos como el que acabo de exponer, lo que hay que decir es que nuestros mayores no iban á aprender el castellano á París para que les pusiesen trabas, tenidas por muy lógicas, en su hablar; y que nuestros gramáticos y escritores, desentendiéndose del habla del pueblo, que es el habla castellana, se han ido fuera de casa á traer modas que no ajustan á nuestro talle.

NOTAS:

[16] El primer número es del capítulo, el segundo del folio de las ediciones de Cuesta de 1608 y 1615.