3.º. Los grupos , forman diptongo vulgarmente; en los poetas hay variedad.

4.º. Los grupos , , ; , , son diptongos vulgarmente, como que entran en el principio 2.º. Los poetas tendieron algo á la diéresis del latín literario en ciertos casos.

5.º. En castellano vulgar las combinaciones de vocales son las gruesas a, o, e con las débiles u, i, ó estas dos entre sí, considerándose u como gruesa, i como débil; cuando por u, i había o, e, se convirtieron en u, i. Los poetas admiten vocablos con cualesquiera combinaciones de vocales, porque son vocablos extranjeros que emplean sin pasarlos por la hilera fonética del castellano.

¿Qué deducir, pues, del estudio del Sr. Robles? Que el método es excelente, puesto que ha formado una trabajosísima estadística con los datos de la Biblioteca de Rivadeneira, la cual, sea dicho de paso, no siempre es exacta en sus textos. Que de esta labor ha sacado las tendencias de nuestros poetas clásicos, en parte conformes al ingenio del castellano, en parte conforme al ingenio del latín literario y contra el castellano.

Pero hoy día la tendencia es á seguir el ingenio del castellano, expuesto en los principios precedentes, y á considerar como licencias poéticas los casos en que se va contra él. Lo cual es muy de alabar, no cabe duda. No son, pues, nuestros clásicos los que tuvieron en esta parte más cuenta con la sonoridad de nuestro idioma, como declara el autor, ni han de ser en ello imitados: la sonoridad del castellano pende precisamente de sus propios principios fonéticos, no de los del latín, que en este punto son menos perfectos y naturales, como puede verse por lo expuesto en La Lengua de Cervantes.

Al fin y al cabo, pedantismo fué anticastellano en nuestros poetas el sacar de quicio el silabismo castellano, por acercarlo al latino. Sólo pueden alabar el hecho los que piensan que la perfección de nuestro romance está en llevarlo por esa orientación, en latinizarlo. Para los lingüistas, que saben apreciar los idiomas como organismos que se desenvuelven conforme á principios propios, todo eso no es más que pedantería, artificio, hibridez, confusión y degeneración.

Sir William Jones y Lorenzo Hervás y Panduro

Al rayar los primeros albores de la lingüística moderna, en la segunda mitad del siglo XVIII, una misma generación produjo en Inglaterra y España estos dos insignes varones, predestinados por el mismo sino á correr parecida fortuna y llegar á la misma meta. Los cuarenta y ocho años de la vida de Jones y los setenta y cuatro de la de Hervás forman dos círculos concéntricos, paralelos, con la distancia de una docena de años. Nació primero Hervás, el 1735 en Cuenca, y murió lejos de su patria, en Italia, el 1809: más joven de once años, Jones vió la luz en Londres el 1746, y falleció en la India el 1794, quince años antes que Hervás. Larga educación lingüística ocupó los primeros años de entrambos, á entrambos una fortuita casualidad los llevó á tierras lejanas y los puso en circunstancias las más propicias para que la misma afición al estudio de las lenguas que los alentaba diesen rico y sazonado fruto. Inclinado el inglés, como hijo de su raza, á estudiar el lenguaje en sus manifestaciones concretas, en los idiomas y literaturas orientales, el español, como hijo de la suya, se dió á filosofar sobre ellos con miras más generales y levantadas: así naciones de tan encontradas tendencias produjeron ingenios, desemejantes en los derroteros y maneras de mirar el mismo objeto, pero tan parecidos en las aficiones y en la vasta erudición, como en el término final adonde llegaron.

Á poco de emprender sus primeros estudios en Harrow, mal avenido Jones con las tradicionales rutinas de escuela, dedícase en particular al árabe y al hebreo, y aprovecha las vacaciones para aprender el francés y el italiano. Pasa en 1764 al University College de Oxford, y á la par de los estudios clásicos añade él por su cuenta los del árabe, del persa valiéndose del sirio Mirza, del italiano, del castellano, del portugués, y luego del alemán y del chino. Á los treinta y dos años de edad era un orientalista de general nombradía. En 1770 publica la traducción francesa en dos volúmenes (nuev. edic. 1790) de la vida de Nadir Chah, escrita en persano; luego un tratado en francés de poesía oriental y la versión en verso de las odas de Hafiz. Habiéndola emprendido contra la Universidad de Oxford Anquetil Du Perron en la Introducción de su traslado del Zend Avesta, salió en su defensa Jones con una carta anónima en tan elegante francés, que la atribuyeron á algún bel esprit de París. Publicó el mismo año la Gramática persa, en 1772 poesías vertidas de varias lenguas orientales, en 1774 los Poeseos Asiaticae commentariorum libri sex, y de 1780 á 1781, mientras ejercía la magistratura, tradujo el Moallakât. Obtenida la administración de Shelburne, llega á Calcuta, donde funda en 1784 la Asiatic Society, de la cual fué presidente hasta que murió. Celebérrima ha sido en los fastos de la filología y lingüística esta Sociedad, fecundo plantel de egregios indianistas, fuente de la cual se derivaron y llegaron á Europa los tesoros literarios del Oriente. Con el intento de consultar el texto original de las leyes de aquella tierra estudió Jones el sanskrit, lengua clásica y religiosa de los Brahmanes. En 1788 empezó la colección de leyes indianas y mahometanas, que Colebrooke terminó en 1800 con el título de Digest of Hindu Laws. En 1787 publicó el primer tomo de las Asiatic Researches, la versión del drama Sakuntalâ, la joya del dramaturgo Kâlidâsa, del Hitopadeça de Gitagovinda, del poema herótico de Jayadeva, de parte del Veda y del Ritusamhâra, poemita de Kâlidâsa; y en 1794 la versión de las Leyes ó Institutes of Manu. Las obras completas de Jones se publicaron en seis tomos en cuarto el 1799, y en 13 volúmenes en octavo el 1807.