La ciencia del lenguaje será deudora eterna al lingüista inglés por dos cosas de trascendencia suma: por haber sido el primero que de una manera manifiesta, competente y oficial declaró en 1786 el íntimo parentesco entre el sanskrit y las lenguas de Europa, dando á entender cuanto podía prometerse la lingüística del estudio comparativo de todas estas lenguas; en segundo lugar, por haber fundado la Sociedad Asiática de Calcuta, donde se formaron los grandes maestros de los estudios indianos, y de donde salieron los libros, ya originales, ya traducidos, que sirvieron de materiales para los estudios de la Gramática comparada indo-europea. Ésta segunda es la gran obra de Jones, puesto que el parentesco del sanskrit con nuestras lenguas era tan manifiesto que lo vieron ya los primeros europeos que llegaron á conocer la lengua de los brahmanes; Roberto de Nobili, que fué allá en 1606; Heinrich Roth, que volvió á Roma en 1666 y enseñó al P. Kircher el alfabeto sánskrito, incluído en su China Illustrata (1667); los misioneros enviados en 1697 por Luis XIV, sobre todo el P. Coeurdoux, como se ve por las respuestas que desde el 1767 daba á las preguntas que le hacían el Abbé Barthélemy y Anquetil Du Perron; en fin, Paulino á Santo Bartholomaeo, carmelita alemán, que imprimió en Roma el 1790 la primera Gramática sánsckrita. Más tarde, el 1808, en El lenguaje y sabiduría de los Indios, llamó Federico Schlegel lenguas Indo-germánicas á las de la India y Europa, y avivó más y más la afición por estos estudios. Finalmente Francisco Bopp, aprovechándose de las obras de Jones, Wilkins, Carey, Forster, Colebrooke, maestros todos de la Sociedad Asiática de Calcuta, compuso su famosa Gramática comparada desde el 1833 al 1852, con la cual quedó fundada la lingüística moderna.
Más escondida fué la vida de Hervás en la Compañía de Jesús, siguiendo los estudios de su Orden y trabajando como misionero en América, hasta que llegado á Italia con los demás jesuítas expulsados por Carlos III, logró la rara ocasión de verse entre compañeros, que se habían allí reunido de todas las partes del mundo, entre ellos misioneros que conocían toda suerte de lenguas, que habían compuesto Gramáticas y Diccionarios, que hablaban y se habían ejercitado por muchos años en los más peregrinos idiomas de América, África, Asia y Oceanía. Allí sus aficiones lingüísticas, sus ansias de allegar todo género de erudición, su ingenio investigador, comparador, sintetizador, hallaron largo pasto y satisfacción cumplida.
Desde 1784 á 1787 fué publicando en Cesena sus obras, que después tradujo, mejorándolas, al castellano. El Catálogo delle lingue conosciute e notizia della loro affinitá e diversitá en 1784, cuya edición castellana de 1800-1805 puede considerarse, por sus aumentos, como obra distinta; el Origine, formazione, mecanismo ed armonia degl’idiomi, 1785; el Vocabulario poliglotto con prolegomeni sopra più di 150 lingue, 1787; el Saggio prattico delle lingue, 1787. Pero todas estas obras son parte de una á manera de enciclopedia filosófica, intitulada Idea dell’Universo, en 22 tomos, entre los cuales están la Storia della vita dell’uomo, Elementi cosmografici, Viaggio statico al mondo planetario, Storia della terra. Desde el tomo XVIII comienzan las de filología, entre las cuales la Aritmetica delle nazioni e divisione del tempo fra gli Orientali. El Catálogo de las lenguas comprende en la edición castellana 6 volúmenes y quedó sin terminar.
Hervás tenía ingenio filosófico, y aunque sus particulares aficiones le llevasen al estudio de las razas y pueblos, es decir, de lo que se llamó filología, y en particular de sus lenguas, que es la lingüística propiamente dicha, abarcó campos tan inmensos y con ojeadas tan generales, que no pudo profundizar por el análisis, como después lo hizo Bopp, en las leyes fonéticas que rigen la evolución de los idiomas y es la única clave segura para ver sus derivaciones, afinidades y entronques. Con todo, su erudición inmensa, que abrazaba á más de 300 lenguas, su rara penetración, su mismo talento generalizador y filosófico le llevaron á descubrir el parentesco de la familia semítica, el de la turania, el de la malayo-polinesia y el de las indo-europeas. No menos que Jones, proclamó «la importancia de las lenguas y mitología del Indostán para entender la de los persas y griegos». Desterró para siempre la comparación léxica por la cual tanto se había desbarrado hasta entonces al emparentar las lenguas, é introdujo el principio de la comparación gramatical ó morfológica. No es necesario repetir los elogios que de él hacen Wiseman, Volney, Pott, Max Müller y otros; pero tampoco se le ha de llamar á boca llena el padre de la lingüística.
Ni Hervás ni Jones fueron unos genios. Ambos derramaron demasiado su atención y esfuerzos para poder penetrar un solo asunto y desentrañarlo, como sin duda lo hubieran hecho á limitar más el campo de sus observaciones. Hervás era demasiado filósofo, Jones demasiado filólogo: la pura lingüística hubo de resentirse. Jones conoció bien 30 lenguas, tuvo no vulgares nociones de otras 28, poseyó una erudición en las literaturas orientales asombrosa y una gran potencia para asimilarse y reproducir toda suerte de noticias; pero ninguna originalidad ni en descubrir verdades nuevas, ni en exponer mejor las ya sabidas. Observador positivista de los hechos, como buen inglés, aunque con la desventaja de no haber concentrado sus fuerzas y trabajos en un solo punto. Hervás los desparramó todavía más comparando infinidad de lenguas y filosofando sobre otros puntos de antropología, de etnografía y hasta de fisiología é historia natural. Como buen español, se levantó harto sobre los fenómenos, fué más filósofo que mero observador. Resumamos.
Franz Bopp es el verdadero padre de la ciencia del lenguaje, como inventor del severo análisis lingüístico y como fundador que aplicándolo echó los cimientos y levantó las paredes maestras del edificio: Sir William Jones y Lorenzo Hervás y Panduro podemos decir que fueron sus más inmediatos precursores. El lingüista inglés señaló el terreno y emplazamiento de la obra con el descubrimiento de lo que el estudio del sanskrit podía dar de sí, comparándolo con las lenguas europeas, y fundó la Asiatic Society de Calcuta, seminario de obreros aparejadores que suministraron á los lingüistas europeos y en particular al mismo Bopp los materiales brahmánicos de los cuales se habían de servir. El lingüista español levantó el andamiaje reuniendo las infinitas lenguas del globo, clasificándolas, distinguiendo sus familias y entronque, y orientó las obras de fábrica fijando de una vez para siempre la dirección del estudio comparativo de los idiomas en el elemento morfológico ó gramatical, en vez del lexicológico, en el cual se había estudiado hasta entonces.
El primer Congreso de la Lengua Catalana
Ó que el desinterés y frialdad con que estos estudios se miran por el común de los lectores, ó que cierta suspicacia harto de lamentar y algún resquemor en parte pueril é infundado, ello es que quizá uno y otro, y esto y lo de más allá, me sospecho que han atajado las plumas de los periodistas para no alargarse, cual la cosa lo merecía, en lo tocante al Congreso de la Lengua Catalana, habido los días 13, 14, 15, 16, 17 y 18 del pasado Octubre en Barcelona. Tiempo ha que cuanto nos viene de allá trae consigo un cierto olorcillo á enemiga por Madrid y el resto de España, ribeteada, ó si se quiere, estofada, con dejos de separatismo, que, á la verdad, á los españoles de corazón nos atufa y nos apesta: los buenos españoles de Cataluña, si serenamente lo miran y meten la mano en el pecho, convendrán en que hay alguna razón para ello y me la darán, aunque no sea más que á boca cerrada. Á boca llena con todo eso, Dios loado, podemos, al menos por esta vez, congratularnos todos, ellos y nosotros, y discurrir reposadamente sobre lo que este Congreso nos dice y enseña para la cultura española. Acontecimiento literario y filológico, que ha sobrepujado las esperanzas de los que lo organizaron, ajeno y desnudo de todo color político ó de otros bastardos intereses. El alma catalana, que alienta en diversas provincias y territorios de distinta nacionalidad, ha vibrado aquí al unísono, se ha recogido y doblado sobre sí misma, y contenta y muy pagada de lo conseguido desde el reciente renacimiento literario, ha tomado nuevas alas y bríos para lo venidero. Abierto por el Alcalde de Barcelona, cerrado por el Presidente de la Diputación, coronado por el descubrimiento de una lápida al soberano vate Verdaguer, orlado por la rica exposición bibliográfica, regocijado y festejado por el Orfeón catalán y las populares sardanas, el Garden-party en el Parque de Güel y la función histórica del Teatro Catalán, el Congreso ha resultado brillante y serio á la vez, ha sido al par que una reunión de toda la familia catalana y de sus mejores amigos, un consejo de sabios y eruditos.
El Congreso no se propuso definir ni acotar, decretar ni determinar nada en particular: todo eso es contrario al espíritu democrático catalán, y probablemente inútil en actos de este género, cuyo fruto natural y espontáneo no está en las cacareadas decisiones prácticas que no suelen llevarse á ejecución, sino en ese encendido anhelo y aliento divino que brota en el pecho de cuantos se reúnen con algún propósito levantado y nacido de las aspiraciones de todos, aliento que se comunica entre ellos y hierve y rebulle y arrebata á no esperadas empresas. Estos Congresos, como las Exposiciones industriales, son unos como balances científicos que ponen de manifiesto el estado presente de los estudios en aquella rama del saber de que se trata, y un programa para orientarlos en adelante. Con razón pueden enorgullecerse los catalanes de lo uno y alentarse con las esperanzas de lo otro. La literatura y el estudio de la lengua catalana han ganado tanto en poco tiempo, son tan sobresalientes sus obras literarias y lingüísticas desde mediado el siglo XIX, en que hay que poner el renacimiento de las lenguas literarias de estirpe provenzal, comenzado por los Felibres, con su famosa Sociedad lingüístico-literaria, fundada en 1854, que ni hay para qué detenerse en ello, ni habría vagar para hacerlo, aunque fuera en cifra y sucintamente, en un solo artículo.