Tampoco es objeto propio de la Lingüística el aprender á leer, entender, hablar y escribir una ó más lenguas, para todo lo cual vale el arte gramatical. La ciencia y el arte son cosas bien distintas: la una es conocimiento especulativo, el otro es conocimiento práctico. Lo cual, por claro que parezca, lo confunden, con todo, no pocos. Hay quien no alcanza cómo pueda darse un lingüista que no sepa hablar, ó por lo menos entender las lenguas, en las cuales trae puesto su estudio. Pero menos alcanzo yo cómo haya quien sepa hablar una ó más lenguas, sin tener un solo átomo de ciencia Lingüística: cosa, sin embargo, que vemos todos los días.
Si hay muchos, que leyendo, y aun oyendo, entienden una lengua, la cual no saben hablar, porque les falta, como se dice, el ejercicio; más hacedero es que, sin saber hablar y aun sin entender una lengua, puedan darse cuenta de las leyes que la gobiernan, de su estructura y cambios fónicos y morfológicos. Y si esto no fuera así, nunca podría lingüista alguno pretender que conocía el lenguaje científicamente. A lo más conocería alguna ó varias lenguas; pero no las bastantes para poder decir que conocía el lenguaje. Yo no sé que Bopp supiese hablar y escribir las lenguas que estudió en su Gramática comparada: creo que no; y con todo eso fué el primer fundador de la Lingüística indo-europea. ¿Y quién es capaz de aprenderse, hasta entender y hablar, ni la vigésima parte de las lenguas que tiene que conocer el que desee poseer á fondo la ciencia del lenguaje?
Max Müller, cierto que no sabía así todas esas lenguas de que trata ó que trae á colación en sus obras; en cambio el Cardenal Mezzofanti, que dicen sabía tantas lenguas, era, en verdad, un gran hablista, si puede pasar el término, pero no creo fuera ni aun pequeño lingüista.
Hay personas que poseen una potencia asombrosa de asimilación para aprender lenguas; y que, sin embargo, por falta de ingenio comparativo y raciocinador, no se dan cuenta de la trabazón que encadena entre sí las diversas lenguas que tan bien manejan, y serán capaces de derivar lacayo de leguleyo, á la manera de Lope de Vega: tendrán excelente memoria mecánica y de papagayo, pero no ingenio ni cabeza de lingüista.
En resumen, la práctica de las lenguas y su conocimiento científico distan toto coelo: tanto como las Gramáticas de Ahn, Ollendorf, etc., de las de Bopp, Brugmann, etc.; á pesar de los rótulos de las bibliotecas, que llaman Lingüística á las primeras y... nada á las segundas, porque están ausentes.
NOTAS:
[1] En las Leyes de Platón, filólogo vale amigo de echar discursos (I., pág. 641). Así dice hablando de Atenas: Todos los Griegos tienen á nuestra ciudad por amiga de echar discursos, y más discursos.
Estudio del castellano
Tan seguro andaba yo de que en España no había quien se diese á la ciencia Lingüística moderna, que ni por pensamiento me había ocurrido jamás enterarme de los libros que aquí se publicaban, hasta que por acaso venían á caer en mis manos. Bien chasqueado quedé el otro día y bien pagué la pena de mi presunción. Tres tomos nada menos de color de rosa se me vinieron á los ojos; no acababa de abrirlos ni de dar crédito á lo que leía: ¡Primera Gramática española razonada! ¡Al fin y al cabo! Mi extrañeza y asombro subió de punto al ver que era Segunda edición, corregida y aumentada. Décima tirada. Me engullí las primeras hojas; pero presto me quedé más que helado. Del estilo no hablemos, desleído, sin color; pero ¡la doctrina! ¡Por los clavos de Cristo y qué novedades! La primera cita es de Roque Barcia. ¿Á ver la última? De Roque Barcia. Abro por donde cae el primer tomo: Roque Barcia. El segundo, el tercero: Barcia... Barcia... Roque Barcia. ¡Y yo, desdichado yo!, ¡que tenía á Barcia por un triste saqueador del Diccionario de la Academia, que ni ha saludado las obras más elementales de Fonética, ni supo en su vida que hubiese en el mundo estudios románicos! ¿Á dónde irá á parar este señor Misántropo, como se firma el autor de los tres tomos de color de rosa, guiado por tan amaestrado lazarillo? Á la torre de Babel, donde dice que «principia la Historia de las lenguas... Desde el año 2244 antes de Jesucristo (ni uno más ni uno menos) principia este gran estudio, no cabiendo la menor duda que la lengua primitiva fué dada por Dios al hombre»[2]. Luego vienen autoridades y notas de Cantú y más Cantú, de Rousseau, ¡hasta del P. Isla! Y todos entre Roques y Barcias, que es un pisto, verdaderamente manchego.