—Sí.
—¿Y ningun daño nos parará, poderoso señor?
—Ninguno; pero atended lo que os voy á decir.
Creció el silencio entre los caballeros.
—Os permito una algarada de sol á sol contra las fronteras de Córdoba, Jaen, y Murcia, y contra la ribera opuesta de Africa frente á nosotros. Una algarada de sol á sol y nada mas. ¿Me entendeis bien?
—Sí, sí, poderoso señor.
—Pero entended mejor lo que os voy á decir: dentro de ocho dias me habeis de entregar en Granada treinta mil cautivos.
—¡Treinta mil cautivos! esclamaron con asombro los caballeros moros.
—Sí, treinta mil cautivos, dijo el rey: uno para cada almena.
—¿Pero dónde encontraremos tantos cautivos, poderoso señor?