—Buscadlos; y... al campo vuestras banderas; á la mar vuestras fustas: pasados ocho soles, me habeis de entregar en Granada treinta mil cautivos, uno para cada almena.

Y el rey despidió á sus caballeros y se volvió á su castillo.

—¡Treinta mil cautivos! decian poco despues aquellos feroces guerreros galopando por los caminos en busca de sus villas y alquerías.

—¡Uno para cada almena! murmuraban otros pensativos.

—¿Qué pretenderá hacer el rey Nazar? añadian todos.

XVI.
UNO PARA CADA CAUTIVO.

Maravilláronse los sabios y aturdiéronse los ignorantes con la estraña resolucion del rey Nazar.

¿Para qué queria aquellos treinta mil esclavos?

¿Qué treinta mil almenas eran aquellas de que habia hablado?

No se murmuraba de otra cosa en la córte.