—El rey Nazar está loco.
—¿Y dónde teneis esos treinta mil cautivos? dijo con ansia el rey Nazar.
—Al punto van á pasar por delante de tí, magnífico sultan.
Y saliendo algunos walíes, se oyó poco despues la música tañendo la zambra.
El rey Nazar, en la puerta de la tienda, á caballo, rodeado de su córte, á ambos lados los xeques y los walíes espedicionarios, empezaron á pasar por delante de él entre ginetes moros escuadronados, los cautivos.
Iban delante los africanos atezados y fieros en medio de su vencimiento: todos jóvenes, todos robustos, todos bravíos: su número llegaria á diez mil: venian despues los cautivos españoles, avergonzados por su derrota, pero al mismo tiempo altivos: conocíase que pertenecian á todas las clases y condiciones, desde el orgulloso noble hasta el humilde pechero: todos fuertes, todos robustos, todos jóvenes; pero impresas en las frentes de todos la desesperacion de la desgracia.
El rey Nazar contempló los esclavos trasportado de alegría.
En aquellos tiempos estos azares de la fortuna eran tan comunes, que la desolacion de un esclavo no conmovia á nadie.
Aquella época endurecia el corazon.
Por lo tanto nada tenia de repugnante la alegría del rey Nazar.