—¡Oh! ¡yo me he engañado! ¡yo me he engañado! esclamó trémula la jóven.

—Tú no sabes mentir: dijo severamente el rey.

—¡Ah, señor!

—Tú eres cándida y pura como la azucena de los valles.

—Yo me he engañado.

—Pero... ¿por qué te has engañado?

—Yo he visto á la sultana buscar una rosa blanca.

—¡Ah!

—Yo la he escuchado decir...

—¡Oh! ¿qué has escuchado?...