—¿Y si yo matase á tu hijo?

—Por la vida de mi hijo no mataré á su padre.

—¿Pero estás segura de que ese hombre merece tu amor?

—¡Oh! yo soy para él la luz, la alegría, la vida.

—¿Y si por acaso no pudiera ser tu esposo?

—Seria su esclava.

—¿Quién es ese hombre á quien tanto amas? esclamó afectando un furor que no sentia el rey Nazar, como no ignoraba que el hombre á quien amaba Bekralbayda, era su hijo el príncipe Mohammet.

—El hombre á quien amo... es un mancebo humilde... pobre... pero yo le amo así... y no le cambiaria por todos los sultanes de la tierra...

—¿Qué, amas así á?...

El rey Nazar se detuvo; iba á decir, ¡á mi hijo!