El rey Nazar leyó:

«Leila-Radhyah, decia aquella carta:

He tenido nuevas que han reanimado mi esperanza.

Un walí granadino, me ha dicho que la sultana Wadah está loca.

El rey Nazar puede, pues, apartarla de sí.

El rey Nazar puede ser tu esposo.

Te envio joyas y galas de sultana.

Si quieres tener padre y hermanos, consiente en ser la esposa de Nazar.

Si consientes, yo te enviaré servidumbre y esclavos y guardas, para que puedas presentarte en Granada, como debe ser vista la hija de un rey.

Tu padre te ama, Leila-Radhyah, pero no puede abrazarte hasta que laves tu deshonra.