Procura ser esposa de Al-Hhamar.»
—¿Y qué has contestado á tu padre? dijo el rey Nazar.
—No le he contestado todavía; pero mi respuesta la llevará un embajador tuyo: un embajador que le diga: tu hija Leila-Radhyah, es sultana de Granada.
—¡Oh! ese embajador partirá para Tlencen, antes que salga el sol del nuevo dia.
En aquel momento se oyó fuera un ténue silvido, un silvido semejante al de un buho.
El rey y Leila-Radhyah salieron del retrete donde se encontraban y se trasladaron á oscuras á aquel desde donde se veia la cámara de Bekralbayda.
Veamos lo que pasaba en esta cámara.
Estaba desierta.
Bekralbayda velaba en el jardin, mirando desde sus espesuras la torre del Gallo de viento, que se veia á lo lejos allá en el distante estremo del Albaicin bajo la luz de la luna, y en cuyas ventanas se veia el reflejo de una luz.
Bekralbayda creia ver en aquella ventana al príncipe que velaba como ella.