Bekralbayda palideció.
—¡Oh! ¡y cómo le ama! pensó Wadah conteniendo mal su celosa rabia: el rey piensa casarte... con...
—¿Con quién?... esclamó pálida Bekralbayda.
—Con mi hijo: respondió la sultana.
—¡Con tu hijo! ¡con el príncipe Juzef-Abdallah!
—¿Qué, no te parece bastante hermoso mi hijo?..
—¡Ah! ¡sí! si señora, pero es muy jóven... demasiado jóven.
—¡Ah! ¿tú quisieras para esposo un hombre de la edad de su padre?
—Yo... no... ya es demasiado.
—¡Jóven el uno! ¡el otro viejo!