—¿Qué me has hecho? ¿qué me has hecho? ¿Pues no te ama el rey Nazar?
—¡Dios mio!
—¿No eres tú su esclava querida?
—Soy su esclava... sí, es verdad, pero...
—No, tú no eres su esclava: tú eres su señora.
—Yo... ¿pero tú estas loca, sultana?
—¡Loca! ¡loca! ¡sí, es verdad! ¡loca de celos! ¿sabes tú quién soy yo?
—¡Ah! ¡Dios mio! esclamó Bekralbayda levantándose y pretendiendo huir.
Wadah la asió de un brazo y la atrajo á sí:
—¡Socorro! gritó la jóven: ¡socorredme!.. ¡libradme de esta muger!