—¡De mí! ¡Dios mio! yo sabia que mi padre te amaba, y aunque en los primeros momentos he tenido celos, despues estos celos me han horrorizado: mi padre es mi señor, yo soy su hijo y su siervo: él puede hacer de mí y de lo mio lo que mejor quiera: yo no puedo dejar de amarle y respetarle.
—Por lo mismo, Mohammet, yo he aprovechado la buena voluntad de un wacir de tu padre que se ha brindado á traerme aquí.
—¿Y para qué vienes?
—Para decirte que es necesario que me olvides.
—¿Me olvidarás tú?
—¡Ah! esclamó Bekralbayda.
Y se echó á llorar.
—Tu padre te tiene preso por mi amor: añadió la jóven.
—Mi padre me matará quitándome tu amor: esclamó el príncipe.
—Hemos nacido muy desgraciados.