—Solo una vez, dijo Bekralbayda, he visto damas cubiertas de joyas y galas; caballeros resplandecientes cabalgando en briosos corceles; soldados y banderas; fiesta régia; alegre música, toros y cañas: me habian hablado mucho de ello, habia leido poemas en que se contaban todas estas grandezas, me habian dicho que sería un dia sultana: pero yo no he salido nunca de aquí; ni he visto nunca mas que...
Bekralbayda se detuvo.
—¿Mas que á quién? dijo con cierto celoso anhelo el príncipe.
—Yo no puedo decir quien es la persona á quien veo junto á mí desde mi infancia.
—Pero esa persona...
—Es un hombre...
—¿Un hombre viejo?...
—Sí, un anciano.
—¿El que te acompañaba en las fiestas de Alhama?
—Sí.