—¡Que se cumpla lo que está escrito!
Y fué á llevar el mensage de Florinda al rey.
El rey se paseaba impaciente por una magnífica cámara.
Trofeos de guerra, arrancados á los enemigos en diferentes épocas, ennoblecian los muros, atestiguando el valor de los ascendientes del conde don Julian.
Una ancha mesa, cubierta con paños de púrpura, dejaba ver humeantes viandas en platos de oro, y jarros del mismo metal, rodeados de anchas copas, rebosaban el vino.
Cuatro candelabros de oro alumbraban la mesa.
Todo demostraba la gran riqueza del dueño del castillo.
Delante de la mesa solo habia un enorme sillon cubierto con un dosel: el sillon del castellano cedido al rey.
Don Oppas, Belay, Teodomiro y Favila, estaban agrupados y en silencio á cierta distancia del rey, medida por el respeto.