El génio del horror y de la impureza se posó sobre la tienda del Schevaní, y Dios arrojó sobre ella su maldicion.

La Nat de los hebraizantes, la Florinda de los godos, la Kaba de los árabes, habia caido bajo su funesto horóscopo: sus miembros desgarrados fueron abandonados en el lugar que ocupaba la tienda, y el poderoso talisman recogido por Ased-el-Schevaní, habia aumentado el valor de su tesoro.

Ased-el-Schevaní no conocia la virtud de aquel poderoso talisman: le creia solo una alhaja de gran valor.

El Schevaní, despues de aquella noche, olvidó aquella historia de horror, y pidió al califa le concediese una tierra en Gecira-Alandalus para sus gentes de Damasco.

El califa le concedió la tierra de Iliberis.

Pero estaba escrito que seria castigado, y su crueldad con Florinda y su codicia en conservar como un rico despojo el amuleto que llevaba al cuello la jóven, fué la causa de su castigo.

Nadab, el padre de Yémina, sabia que el amuleto estaba en el tesoro de Ased-el-Schevaní; sabia que aquel amuleto tenia la virtud de defender de la impureza agena á la muger que lo llevase sobre sí, y quiso apoderarse de aquel talisman valiéndose para ello de la misma Yémina.

Para atraerle le habia hecho ver, valiéndose de sus conjuros, el encantado Palacio-de-Rubíes.

Ased-el-Schevaní estaba transido de horror.

Veia la macilenta cabeza del rey don Rodrigo y á Florinda, fria, impasible, pálida, ensangrentada, atormentándole con el recuerdo de su ser.